27Abr/22

UN LLAMADO DIVINO A LA CONVERSIÓN

UN LLAMADO DIVINO A LA CONVERSIÓN

Al analizar el estado de cosas en el que se encuentra el mundo de hoy, no es de extrañar que alguien se plantee la siguiente pregunta: “¿Qué significa todo esto? ¿Son estos eventos una advertencia de Dios?”

Redacción (22/03/2022 17:54, Gaudium Press) La liturgia del tercer domingo de Cuaresma se puede resumir bien en el refrán del salmo responsorial:

“El Señor es bueno y misericordioso” (Sal 102, [103]).

El salmista proclama con entusiasmo la bondad, el perdón y el favor de Dios hacia su pueblo. Recuerda cómo el Señor perdona toda culpa y sana toda enfermedad, nos salva de la tumba y nos rodea de cariño y compasión. (Cf. Sal 102) En efecto, ¿quién puede medir el amor que Dios nos muestra?

Sin embargo, a veces se ve “obligado” – como buen Padre – a recurrir a la punición para evitar que sus hijos se desvíen del buen camino o, habiéndose extraviado, vuelvan a Él. Porque si Él no corrigiese nuestros defectos, ¿podríamos decir que Él realmente nos ama?

¡Conviértanse!

Es precisamente este aspecto el que nos amonesta del evangelio de este domingo: “convertíos”. Nuestro Señor, en toda su vida pública, recorrió ciudades y pueblos predicando la Buena Nueva y obrando toda clase de milagros y portentos. Toda esta acción del Redentor fue un instrumento para hacer evidente a los hombres la necesidad de convertirse, porque Jesús dice: el Reino de Dios está cerca. (Cf. Mt 4,17)

En el pasaje de San Lucas, escogido para este domingo, Nuestro Salvador aprovecha la ocurrencia de dos hechos catastróficos – el asesinato de unos galileos por orden de Pilatos y la caída de la torre de Siloé, provocando la muerte de dieciocho personas – para subrayar su llamamiento a la conversión.

Las personas que trajeron tales noticias a Jesús sin duda quedaron muy perturbadas y desconcertadas por estas desgracias. Sin embargo, les faltó entender que estos desastres ocurrieron para que sirvieran de ejemplo, porque “si no os convertís, todos moriréis de la misma manera”. (Lc 13,3)

Por lo tanto, vemos aquí la forma en que Nuestro Señor actúa con nosotros: está siempre buscando entrar en relación con nosotros, invitándonos a orientarnos hacia Él. A menudo se aprovecha de hechos como este para otorgarnos gracias de conversión. Y hay momentos en que durante años y años nos ha estado amonestando con advertencias, esperando nuestro arrepentimiento.

Un llamado a TODOS

¿Cuál debe ser nuestra actitud ante tales advertencias? Necesitamos tomarlas muy en serio y entenderlas como una misiva amorosa del Cielo, que nos invita a la conversión.

De hecho, cuando Nuestra Señora se apareció en Fátima en 1917, anunció la llegada de un gran castigo, si el mundo no escuchaba su voz. ¿Qué tan lejos estamos de estos eventos? Solo tenemos que mirar el abismo de maldad y ateísmo en el que se encuentra el mundo hoy para obtener la respuesta.

¿Las calamidades que presenciamos no son consecuencia de la sordera humana ante el llamado de la Reina del Cielo?

Por Jerome Sequeira Vaz

22Abr/22

QUE EL DEMONIO NO ROBE NUESTROS SUEÑOS, Y ASI DEMOS INICIO AL REINO DEL INMACULADO CORAZON DE MARIA

Que el demonio no robe nuestros sueños,  y así demos inicio al Reino del     Inmaculado Corazón de María

Decía un día el profesor Plinio Corrêa de Oliveira que realmente hay en el hombre solo dos ‘Tendencias madre’, la Tendencia hacia su egoísmo, y la Tendencia a lo Maravilloso.

Redacción (24/03/2022 22:05, Gaudium Press) Decía un día el profesor Plinio Corrêa de Oliveira que realmente hay en el hombre solo dos ‘Tendencias madre’, la Tendencia hacia su egoísmo, y la Tendencia a lo Maravilloso.

La Tendencia al egoísmo degenera luego en el vicio, particularmente el orgullo y la sensualidad, mientras que la Tendencia a lo Maravilloso se manifiesta en ese deseo innato de lo perfecto, de la virtud, de lo sublime, en el fondo es la tendencia hacia Dios. Esta tendencia es más manifiesta en la infancia, cuando aún no se ha perdido la inocencia, cuando el niño continuamente construye lo que el Dr. Plinio llamaba “modelos maravillosos”, ‘mundos perfectos’ a partir por ejemplo de una pompa de jabón que mira encantado, de las bolas doradas o rojas del árbol de navidad que contempla, de un ciervo que ve en el zoológico, de su perrillo, seres a partir de los cuáles él vuela encantado hacia mundos más perfectos.

Se entiende más fácil así lo que el Dr. Plinio llamaba los ‘vectores’ del proceso humano, del proceso del hombre:

El pecado original y el demonio buscan fomentar la Tendencia al egoísmo, mientras que la gracia, los ángeles, la Virgen, buscan fortalecer la Tendencia a lo Maravilloso, la Tendencia al Creador.

Luego otro día trataba el Dr. Plinio de la tentación contra la Tendencia a lo maravilloso, la cual sería la gran tentación, la tentación fundamental del hombre:

“¿Cuál es la gran tentación? [Es cuando surge la pregunta:] ¿Ese maravilloso existe? ¿No será solo un sueño? ¿Vale la pena correr detrás de él? ¿Qué es lo que él nos aporta?”

“Cuando resistimos a esa tentación nuestra vista se clarifica, se ordena, una cosa llamada ‘juicio’ toma fuerza – afirma el Dr. Plinio. Y entonces comprendemos la locura de esa tentación y ¡cómo fue bueno escoger ese ideal! En lugar de decir: ‘Sentido del ser, sentido de lo maravilloso, no fuiste sino un sueño’, nosotros exclamamos: ‘Sentido del ser, sentido de lo maravilloso, fe, ¡solo tú me dices la verdad! Yo pasé, vi todas las cosas, las analicé bien y comprendí: ¡solo tú no me mentiste!”

Es claro, con los años comúnmente viene lo que algunos llaman la “venalidad de la edad madura”, ese desencanto con las ‘ilusiones’ de la juventud, con esos ‘sueños tontos’ de los años mozos, de la infancia: no es ese sino el lamento de desesperación fría de quien dejó sumergir en el lago del escepticismo y sus flaquezas su propia Tendencia a lo Maravilloso.

Eso es algo peor que el propio vicio, pues corta de tajo el impulso a la virtud, que es el impulso a lo maravilloso, la Tendencia a lo maravilloso. Lamentablemente, es lo que ocurre con la mayoría de los hombres.

Pero en este valle de exilio siempre hay buenas noticias para quien tiene Fe: lo maravilloso sí existe, y siempre podremos retomar el camino hacia él. Siempre podemos salir de ese terrible estado de no creer en lo maravilloso, siempre podremos rechazar y cortar de raíz la tentación de lo banal o pútrido anti-maravilloso.

Bautismo de Clovis, vitral en Notre Dame.

Los castillos y las catedrales nos proclaman que lo maravilloso existe. Bárbaros que en sus inicios comían carne cruda – como los animales –, construyeron luego un Chambord, una Sainte-Chapelle, una catedral de Chartres. De un violento Clovis, surgió luego un cisne de la civilización como María Antonieta, o un lirio de virtud como San Luis Rey de Francia.

¿Que medió entre una cosa y otra? Algo muy simple: la gracia, la unión de esas gentes bárbaras con la Iglesia fortaleció su Tendencia a lo Maravilloso y anuló el impulso al egoísmo. Y de ambulantes tiendas de pieles salvajes surgió la maravilla que fue la Cristiandad medieval.

Un niño con una corbata

Descripción generada automáticamente con confianza baja*         *          *

María Antonieta, Reina de Francia

Pero lo que viene es más maravilloso.

Será más maravilloso, porque el Reino del Inmaculado Corazón de María anunciado por la Virgen en Fátima será construido con un favorecimiento más consciente de esa Tendencia a lo Maravilloso. Es decir, los hombres darán un impulso sistemático, continuo, creciente, con la gracia y los ángeles, a su sed de perfección, a su sed de sublime que es sed de Dios.

Una persona con una corona de flores

Descripción generada automáticamente con confianza bajaY así, los hombres sabrán más que cuando oran, están también pidiendo fuerzas para construir una tierra parecida al cielo, una especie de Jerusalén celestial pero aquí en la Tierra. Que cuando reciben a Jesús Sacramentado y adoran a Jesús Hostia, fortalecen también su deseo de las maneras arquetípicas, del relacionamiento humano arquetípico, de las construcciones arquetípicas, de las artes arquetípicas, la literatura arquetípica, de las liturgias arquetípicas, de la Vida Arquetípica, sublime, la vida maravillosa.

El Reino del Inmaculado Corazón de María será más perfecto, porque los hombres van – de forma consciente, explícita y continua – a querer hacer un mundo donde en todo lugar pueda hacerse presente y habitar la Virgen, la Obra Maravillosa del Creador.

*         *          *

En ese Reino también estará presente la Cruz, porque la Cruz es maravillosa, porque el Sacrificio redentor fue maravilloso, porque la Virgen maravillosa también cargó maravillosamente la cruz. Pero por la Cruz, también se irá a la luz maravillosa del Reino del Inmaculado Corazón de María.

Por Saúl Castiblanco

11Mar/22

LEVÁNTATE, SEÑOR, DEFIENDE TU CAUSA

LEVÁNTATE, SEÑOR, DEFIENDE TU CAUSA

P. Fernando Gioia, EP – www.reflexionando.org
Quieren hacer desaparecer, a los ojos de los hombres, las piedras vivas de la Civilización Cristiana. No soportan, en su maldad diabólica, su existencia. Temen que el santo esplendor de ellas atraiga los corazones de los hombres de hoy, inmersos en la tristeza de un mundo entregado al pecado, hacia las cosas del Cielo.

  Si volvemos nuestros pensamientos a los momentos de la caída del “muro de la vergüenza” o “cortina de hierro” (1989), que dividía la ciudad de Berlín de su lado occidental con el “paraíso” oriental –del cual para salir había que arriesgar la vida–, parece que sintiéramos los gritos de júbilo presenciando la alegría de aquellos que salían de esa verdadera “cárcel”, al reencontrarse con sus familiares y amigos después de tantos años de cruel separación. Todo ampliamente reflejado a través de los medios de comunicación en fotos o filmaciones. Fue uno de los principales sucesos del siglo pasado.

Iniciada esa nueva situación, que dividió por casi 30 años la capital alemana, muchos afirmaban: “se acabó la persecución”, “la llamada ‘Iglesia del silencio’ ya podrá practicar su fe a la luz del día en plena libertad”, “es el fin de una era histórica, para Europa y el mundo”. De mi parte, pues, no respondería tan firmemente, por más que a primera vista pareciera que así ocurriría.

La táctica cambió, se fue desarrollando otra persecución que podríamos calificar de “blanca”, que no se siente, pero que actúa –como decía el líder católico brasileño del siglo pasado, Plinio Corrêa de Oliveira–, “de una forma impalpable, sutil, penetrante, como si fuese una poderosa y temible radiactividad”; ante la cual todos sienten sus efectos, pocos consiguen darle nombre.

Es a lo que asistimos, un proceso continuo de descristianización y de pérdida de valores humanos esenciales que resulta preocupante. El hedonismo penetra en todos los ambientes conmocionando la institución de la familia; el consumismo hace de los hombres, llamados a ser “pobres de espíritu”, “ricos de espíritu”; la pornografía va destruyendo la pureza de los corazones de los mayores y manchando la inocencia de niños y preadolescentes; los medios electrónicos de comunicación roban espacio a Dios y al convivio familiar, y tantas otras cosas más.

Quedamos asustados al recordar la profética advertencia de Benedicto XVI en la homilía de la misa Pro eligendo Pontífice (18-4-2005) en la que afirmaba, ante los nuevos vientos de doctrina, corrientes ideológicas y modas de pensamiento: “la pequeña barca de muchos cristianos ha sido zarandeada a menudo por estas olas”.

Como efecto de estos “vientos” el número de católicos, especialmente en zonas tradicionalmente cristianas, ha disminuido. Se fueron atenuando los signos del Evangelio como una vela se apaga ante la falta de oxígeno.

Y si fuera solo esto… A esos tiempos idos de persecución violenta, a los que vivimos de “persecución blanca” a través de una revolución cultural que parece arrastrarlo todo, se suman otros acontecimientos que muestran crecientes actitudes de odio e intolerancia contra los verdaderos cristianos, sus templos, sus imágenes, sus símbolos.

En China, más de 500 cruces de las iglesias de la provincia de Anhui han sido eliminadas, quitando el símbolo cristiano de la mirada pública. En España no solo cruces son derribadas, también otros monumentos religiosos se encuentran en peligro. La Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa publicaba estadísticas: 595 casos de crímenes de odio en 2019 teniendo como objetivos blancos cristianos. El país de mayor número de estos ataques fue Francia, con 144, seguido de Alemania, España e Italia. La destrucción de imágenes de la Virgen en Europa se volvió común. En Polonia cuatro capillas del rosario fueron vandalizadas con graffitis ofensivos, también fueron atacadas cuatro estatuas de San Juan Pablo II. Preocupa el crecimiento de los ataques incendiarios, en Francia hubo al menos 20 contra iglesias.

En la costa de Colombia fueron decapitadas imágenes de San José, de la Virgen María y de Santa Laura Montoya. En Argentina, una imagen de la Inmaculada de los patios de la catedral de Santa Fe fue descabezada. En Canadá, en la Diócesis de St. Sault Marie, imágenes de un Vía Crucis en la Gruta de Lourdes de Sudbury, Ontario, fueron descabezadas y cercenadas. Una turba de manifestantes, en su mayoría encapuchados, rompió todo tipo de mobiliario e imágenes y profanó el Santísimo en un templo en Talca, Chile. La parroquia de San Alfonso, en Fresno (Estados Unidos), fue profanada ocasionando graves daños al sagrario y en su interior. La Iglesia de la Natividad de Burke, en Virginia (Estados Unidos), reportó que su gruta dedicada a la Virgen de Fátima sufrió la destrucción irreparable de sus sagradas imágenes, que representaban las apariciones a los tres pastorcitos. En Estados Unidos se han producido al menos 117 incendios provocados, estatuas decapitadas, extremidades cortadas, aplastadas y pintadas, lápidas desfiguradas con esvásticas y lenguaje anticatólico y otros actos de destrucción y vandalismo en 29 estados desde mayo de 2020.

La organización Puertas Abiertas publicó su informe anual sobre la persecución de los cristianos, en 2021. Fueron asesinados 5,898, 3,829 secuestrados y 5,110 iglesias o templos destruidos o atacados.

No podemos dejar de resaltar el aparecimiento, en ciertos países, de leyes que impiden la normal práctica de la fe cristiana. Se llegó a intentar, a través de un documento interno de una Comisión –si bien que no fue logrado por las reacciones provocadas –, de impedir el uso de la palabra Navidad en la Comunidad Europea.

Iglesias incendiadas, imágenes decapitadas, sagrarios sacrílegamente violentados, cristianos asesinados en diversos países por la simple razón de ser anunciadores del Evangelio.

Preocupante situación que nos lleva a recordar el Salmo 74 que pregona: “¿Por qué, ¡oh, Dios!, nos tienes siempre abandonados?”, “con martillos y mazas destrozaron todas las esculturas”, “prendieron fuego a tu santuario, derribaron y profanaron la morada de tu nombre”. “Pensaban, acabaremos con ellos, e incendiaron todos los templos del país”, “ya no vemos nuestros signos ni hay profeta: nadie entre nosotros sabe hasta cuándo”. Exclamando finalmente: “Levántate, Señor, y defiende tu causa”, “que el enemigo te ultraja, que un pueblo insensato desprecia tu nombre”.

Muchos se preguntarán el porqué de tales actos de vandalismo contra edificios y sus imágenes. Reflejo del pasado cristiano son las bellas iglesias que quieren destruir, las imágenes que representan a Dios Nuestro Señor, a la Santísima Virgen y a cuántos santos del pasado. Piedras vivas de la Civilización Cristiana que quieren hacer desaparecer de los ojos de los hombres. No soportan, en su maldad diabólica, su existencia. Temen que el santo esplendor de ellas atraiga los corazones de los hombres de hoy, sumidos en la tristeza de un mundo entregado al pecado, hacia las cosas del Cielo.

La promesa de Nuestro Señor Jesucristo a San Pedro: “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16, 18), resalta la inmortalidad de la Iglesia; suceda lo que pueda suceder, en medio de humillaciones y persecuciones, nos alienta a considerar que siempre la Santa Iglesia renacerá con más fuerza de la que tenía anteriormente y dando mejores frutos a través del tiempo.

04Feb/22

LOS ODIOS SAPIENCIALES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA – II

LOS ODIOS SAPIENCIALES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA – II

Revista Dr. Plinio en español No 45, enero 2022
Nuestra Señora devota a su divino Hijo el amor más incondicional e irrestricto. Por lo tanto, durante la Pasión, mientras que el poder de las tinieblas obligaba a Jesús a beber el cáliz de todas las humillaciones, su inmunidad pisaba gloriosamente la cabeza del demonio haciéndolo rechinar en humillación mientras triunfaba con odio. En medio de un mar de dolor, la Santísima Virgen tuvo la alegría de decir: “¡Oh infame, mi Hijo te está demostrando en Mí que no eres nada! ¡Mi caminar a su lado es el camino de su gloria! ¡Yo voy hasta el Calvario aplastándote!”

A lo largo de su vida el amor y odio de Nuestra Señora fueron creciendo. En un momento dado, llegó la Pasión de su Divino Hijo. ¡Su encuentro con Nuestro Señor en la Vía Dolorosa es el más patético de la Historia!

ENCUENTROS QUE MARCAN LA VIDA

Un encuentro es siempre un hecho interesante en la vida de todos los hombres. Cuando una persona encuentra a alguien que va a marcar su vida para bien o para mal, ese episodio se reviste de una especie de solemnidad casi protocolar y ceremoniosa. Aunque las apariencias no sean así, y ambos se encuentren en un autobús o en un metro, ese momento tiene una solemnidad especial en el libro de la vida.

Por ejemplo, podemos imaginar a Nuestra Señora con Nuestro Señor camino al Calvario, ¡que encuentro! ¡El más alto de la Historia!

En el día de Navidad se dio el primer e inefable encuentro. Otro fue en el Templo. ¡Qué lágrimas y alegría! Al comenzar la vida pública de Jesús, estuvo viajando continuamente, y ciertamente se encontró con Ella varias veces. Cada vez, el amor entre los dos era mayor. Por lo tanto, cada encuentro implicaba un elemento de sorpresa: “Pero ¡cómo mi Madre está maravillosa!”

Estos encuentros, con los matices que iban tomando, siempre fueron magníficos. Desde el primero en el que Ella lo vio como el Unigénito de Dios, pero Primogénito en relación con toda la humanidad, sobre quien pendían todas las gracias, honras, todo el poder de la primogenitura; hasta el momento en que salió de sus brazos para la vida pública, teniendo la fuerza y la madurez del hombre, pero conservando el frescor de la juventud, y que comenzaría a desplegar sus gracias, sus atracciones, sus perfecciones para el mundo entero.

Última Cena – Museo de San Marcos, Florencia, Italia

NO RETROCEDE EN LAS GRANDES DECISIONES DE LA VIDA

Después de la última despedida, Ella que lo acompaña hasta la puerta de la casa y Él sigue su camino con paso decidido, volviéndose o no hacia atrás para verla; imaginen cómo quieran, porque ahí la lógica no expresa nada, es el sentimiento que habla. Sin embargo, en lo más profundo de mi alma me hubiera gustado más que no se haya vuelto. Nuestro Señor era impecable y perfecto, ni siquiera podía tener una imperfección, y me parece que para nosotros sería mayor ejemplo si Él no se volviera ni siquiera para Ella, porque el hombre no se vuelve atrás en las grandes decisiones que ha tomado en su vida.

La mujer de Lot se convirtió en sal; los judíos que tuvieron nostalgias de las cebollas de Egipto son de la familia de almas de aquellos que retroceden. Sin embargo, un hijo de Nuestra Señora nunca retrocede; ¡siempre avanza! Aunque dejando atrás la intimidad de treinta años con la Santísima Virgen, Jesús sabe que, continuando hacia la realización de los designios de Dios, la encontrará esperándolo. ¡Entonces, para verla, lo mejor es mirar hacia adelante!

ALEGRÍAS Y TRISTEZAS DURANTE LA VIDA PÚBLICA DE NUESTRO SEÑOR

En los encuentros que tuvo durante el primer año de la vida pública de Nuestro Señor, María Santísima veía cómo florecía su apostolado, su atracción, el encanto que irradiaba su Persona, y notaba que reunía a su alrededor discípulos en el esplendor del primer fervor, y los amaba, previendo ya todo el bien que harían en el futuro al mundo entero que irían a evangelizar. Podemos imaginar las alegrías de Ella y de Él.

Ya en el segundo año, una sombra de tristeza se difunde sobre el espíritu de Él. En medio de aquella fuerza, lozanía y varonilidad algo comienza a herir, a sangrar. Son las intrigas que comienzan, las almas que lo rechazan y le hacen sufrir. Las aprensiones por el mañana añaden un lumen de color profundo, el de la preocupación, la tristeza y el dolor a la clara y espléndida luminosidad de la inocencia, añadiendo un lumen al otro.

Ella se da cuenta de que Él ha cambiado y piensa: “¡La Cruz comenzó! En algún lugar del mundo pueden estar ya talando el árbol entre todos bendito, pero causa de dolor, en el que Él será crucificado. Los hombres que lo van a crucificar ya están comenzando a fermentar su cólera. Los rechazos que sufre ya están empezando a acumular el número de sus enemigos. ¡El próximo año, cuando lo vea, estará muy cerca de la Cruz!”

En cierto momento, Ella lo encuentra el Jueves Santo. Sin duda, la primera persona a la que, transubstanciado pan y vino, dará la Comunión será su Santísima Madre. Se puede decir que su intención principal en ese día sería comunicarse con Ella de esta manera.

Ella sabe que la misa es como una anticipación del sacrificio que Él ofrecerá. Ella comulga y, como en el tiempo feliz de la Encarnación, Jesús comienza a habitar en Ella con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, pero ya con todas las perfecciones de su existencia terrenal.

POR ODIO AL MAL ELLA ACEPTA TODOS LOS SUFRIMIENTOS DE SU DIVINO HIJO

Ella se entera de que la Pasión ya comenzó y puede, finalmente, encontrarlo cargando la Cruz en la Vía Dolorosa. Es el amor más incondicional y absoluto, entre madre e hijo, que haya habido en la tierra. Ella es la perfección en el papel de madre que encuentra la perfección en el papel de hijo; más allá de todo lo sobrenatural añade a estas disposiciones dos naturalezas incontaminadas por el pecado original, por lo tanto, perfectísimas.

Consideremos lo patético de este encuentro y lo mucho que sufrió Ella al contemplarlo en ese estado, así como el sufrimiento de Él al verla sufrir así. ¿Qué palabras habrán intercambiado en ese momento? Palabras de amor, es claro; sin embargo, añado sin dudarlo: palabras de odio también. Porque las cosas llegaron a ese estado porque Él quería sufrir aquello por odio al pecado y al demonio, para evitar que muchos hombres se perdieran, y para abrir las puertas del Cielo, aunque muchos no cruzaran su umbral. Por odio al mal, por lo tanto, se dijeron:

Cristo Agonizante – Capilla de la Hermandad de Monte-Sion, Sevilla, España

— ¡Vale la pena, madre mía!

— Sí, Hijo mío, continuemos nuestra obra de destrucción. Destruyamos la destrucción y matemos la muerte. ¡Vale la pena!

Tal vez tuvieron conocimiento, en un instante, de todos los pecados que serían cometidos hasta el fin del mundo, y en ese momento habían odiado todos los pecados. Así también supieron de todos los pecados que iban a evitar a través de ese sacrificio, y amaron todos los actos de virtud practicados como resultado de ese sacrificio; y hayan querido exactamente esto: que el mal salga pisoteado, derrotado, y Dios Nuestro Señor termine glorioso y victorioso.

EN LA PASIÓN NUESTRO SEÑOR MANIFIESTA EL ODIO ETERNO QUE ESTABLECIÓ ENTRE LA VIRGEN Y EL DEMONIO

Podemos imaginar la siguiente escena: El demonio —que estaba excitando el odio de los judíos, promoviendo la indolencia oportunista e infame de Pilato, e infundiendo pánico en todos los discípulos de Nuestro Señor, que huyeron a todas partes— viendo a Jesús en la Vía Dolorosa de repente se da cuenta que Nuestra Señora se acerca. Quisiera ultrajarla, lanzar el populacho contra Ella, para denigrarla con todo el odio que tenía contra Ella. Pero también hubo un acto de odio de Nuestro Señor hacia el diablo:

— Te lo prohíbo. ¡A Ella nada!

Y el demonio, aullando, debió responder con un rechinar de dientes:

— Pero ¿cómo me prohíbes atacar a una vil criatura humana como Ella, cuando permites que te ataque a ti? ¡¿Así que tu amor caprichoso y gratuito por esta criatura va tan lejos como para permitir que hasta mi ultraje te alcance, pero que pase junto a Ella sin tocarla?! ¡¿Yo, el serafín, que brilló ante vuestra presencia y os encanté en el primer momento en que me creaste, estoy en este estado de miseria y degradación y una vez más tengo que inclinar la cabeza ante esta criatura humana elevada encima mí?! Me es dado el poder de ultrajaros y, en poco tiempo, de mataros, pero no se me permite alcanzar a esta criatura infinitamente inferior a vos. ¡¿Por qué, una vez más, colocáis así esta frágil criatura por encima de mí?!

Y según puede imaginar la limitación de nuestras mentes, Dios Nuestro Señor Jesucristo habría actuado de una manera perfecta si a esta invectiva sólo hubiera dado esta respuesta:

— ¡Eternamente!

Significa: “No te doy explicación. ¡Es así, y lo será para siempre!”

La Crucifixión – Iglesia de San Miguel, Valladolid, España

Durante el resto de la Pasión, Nuestra Señora sabía que mientras el demonio obligaba a su Hijo a beber la copa de todas las humillaciones, su inmunidad le aplastaba gloriosamente la cabeza, haciéndolo rechinar de humillación en el momento en que triunfaba su odio. Ella quería esto. Y en medio del mar de dolor al ver lo que le sucedía a su Hijo, la Santísima Virgen tenía la alegría de decir: “¡Oh infame, mi Hijo en Mí te demuestra que no eres nada! ¡Mi camino a su lado es el camino de su gloria! ¡Voy hasta el Calvario aplastándote!”

LA GLORIA Y LA VICTORIA DE DIOS PASAN A TRAVÉS DE NUESTRA SEÑORA

Anna Catarina Emmerich nos cuenta que cuando Nuestro Señor estaba siendo crucificado, el demonio quería derribar de frente la Cruz, para que la Santa Faz de Jesús se reventara en el piso. Pero, no era designio de Dios que la Pasión fuera indecorosa. Humillante sí; dolorosa, sin medida. Sin embargo, en nada ridícula o grotesca. El Rostro Sagrado con rigidez cadavérica, sí. ¡Destrozado blasfemamente, no!

El mismo Redentor podría haberle dicho: “¡No!” Sin embargo, según la narración de Anna Catarina Emmerich, quien dijo “no” fue Nuestra Señora, cuando discernió que esta era la intención del diablo. Por lo tanto, fue por una prohibición a través de Ella que se dio para su mayor humillación. Él es eterna y completamente infeliz, de tal forma que es imposible imaginar un atenuante en su infelicidad, pero se podría decir que sería menos infeliz si la prohibición hubiera venido de Nuestro Señor, y no de aquella creatura ante la cual no se quiso doblegar, ¡y que lo inmovilizó simplemente con una mirada!

Por supuesto, Nuestra Señora notó que la gloria y la victoria de Dios, de la cual era mediadora, pasaban a través de Ella. Y al triunfador de engaño, de niñería, infame, delirante y efímero, en el auge de su victoria, llegó esta pincelada de humillación: “¡Matas al Hombre, pero eres encarcelado por una mirada de la mujer frágil, la nueva Eva!”

Imaginen con qué odio Ella diría ese “¡No!” ¿Podría ser sin odio? ¡¿Qué tendría Ella con relación al diablo, lástima?! ¡Sólo el odio es concebible! Sería blasfemo concebir un sentimiento distinto al odio en este rechazo.

Los tormentos continúan, sus dolores alcanzan su punto máximo, en los estremecimientos de la agonía se opera una como que ruptura interna en Él, una especie de pérdida de contacto entre la divinidad y la humanidad, por la cual su naturaleza humana se siente como abandonada por la divinidad, para que sufriera todo cuanto pudiera sufrir. A tal punto que tuvo esa exclamación que marcó todos los siglos: “¡¿Eli, Eli, lamá sabactâni?!”

— Dios mío, Dios mío, ¿por qué me abandonaste?” (Mt 27, 46). Poco después inclinó la cabeza y murió.

“¡VENGA A LA TIERRA TU ODIO! “

Todo esto sucedió porque Dios quería, pero Él pidió Su consentimiento para que el Hijo fuera ofrecido como víctima. Nuestra Señora consintió, para que su Hijo matara la muerte y el pecado, y la obra de satanás quedara aplastada.

Tengo la impresión de que el tiempo que corrió entre ese grito y el “consummatum est” (Jn 19, 30), Ella repitió, tal vez ininterrumpidamente, este acto de ofrecimiento: “Dios mío y Señor mío, quiero que así sea. ¡Renuevo mi ofrenda, pero no quiero desfallecer en el camino! ¡Voy a Su muerte, yo lo ofrezco!”

Y cuando Él dijo “consummatum est”, Ella habrá visto su alma, como describe Anna Catherine Emmerich, pasando a lo largo de la Cruz y por la tierra hasta el Limbo y comenzar inmediatamente la destrucción efectiva del demonio. Entra en el Limbo para alegría de todos los justos. ¡Hubo la victoria y comenzó la liberación!

Nuestra Señora es Corredentora del género humano. Sus dolores, inapreciablemente valiosos, se sumaron a los sufrimientos infinitamente preciosos de Nuestro Señor Jesucristo para tener como resultado la Redención de la humanidad. Está hecha la redención, también la vida de Ella está hecha y nos acompaña desde el Cielo. Su odio está a punto de desatarse sobre el mundo pecador e impenitente. Esperemos y pidamos. Podríamos decir: “¡Venga a la Tierra tu odio!”

(Extraído de la conferencia del 5/7/1980)

14Ene/22

LOS OIDOS SAPIENCIALES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA -I

LOS OIDOS SAPIENCIALES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA -I

Revista Dr. Plinio en español No44, diciembre 2021

María Santísima es toda cristalina, hecha de dulzura y pureza, se diría que es un alma incapaz de odiar. Sin embargo, por el propio amor incondicional que Ella tiene a Dios, es imposible que no odie aquello que sea contrario a Él.

Nuestra Señora es la Medianera de todas las gracias y el punto de referencia de todas las alabanzas hechas a Dios. No podemos concebir una perfecta alabanza a Dios que no la tenga como punto de referencia.

Presentación de la Virgen María en el Templo – Museo de Dijon, Francia.

EL CAMINAR DEL ESPIRITU HUMANO.

El espíritu humano camina hacia el conocimiento de proche en proche, de cercano a cercano, pero en este caminar, ¿cuál es el cercano de aquel que es eterno, absoluto, perfecto, infinito, trascendente en relación con cualquier criatura? Dios vive, de un modo muy especial, dentro de las criaturas que ama. Entonces, ¿cómo habita en Nuestra Señora, que es tan especialmente objeto de su amor?

En Ella tenemos un modo de acercarnos más a Dios. Aunque Él es inaccesible, está a nuestro alcance, porque habita en Nuestra Medianera. Siendo el Palacio de la Trinidad, el Paraíso del Hombre-Dios, a través de Ella podemos tener con Dios ese contacto sin el cual no somos nada.

Por esta razón, para exaltar cualquier perfección divina, incluso su sagrada cólera, no podemos discurrir sin hablar de Maria.

CUANDO UN INDIVIDUO PECA Y SE AFERRA IRREVERSIBLEMENTE EN EL PECADO, SE VUELVE ODIOSO.

¿Cómo medir la ira del Corazón Sapiencial e Inmaculado de María? ¿Cómo podemos siquiera imaginar al Sapiencial e Inmaculado Corazón de María en cólera? Parece que las expresiones son contradictorias, antitéticas. En ella no podría haber cólera, Ella es toda cristalina, toda hecha de suavidad, de pureza. La colera parece una vibración de indignación, del amor propio contrariado, del egoísmo despreciado. ¿Cómo puede uno concebir disposiciones de alma tan bajas en aquella que es toda elevación?

¿A quién y cómo Nuestra Señora odió? A menudo se dice que Ella odió el pecado. Es verdad. Pero el pecado sólo existe en la persona del pecador. No hay pecado en abstracto. Antes de que Adán y Eva pecaran, no había pecado, porque no había pecadores. Existía apenas la posibilidad de que alguien pecara. Así, uno podría odiar esa posibilidad, pero el odio no tendría como objeto un ser existente. Si Adán y Eva hubieran tenido ese odio al pecado, como una eventualidad, habrían encontrado más recursos de alma para no pecar.

María Santísima odia en todos los pecadores aquello que es pecado y ama a los pecadores, porque ama en ellos la posibilidad de que, por disposición divina, se arrepientan. Pero la situación actual del pecador, mientras permanece en el estado de pecado, Ella odia.

¿Cómo lo odia? ¿Cómo podemos imaginar los odios del Sapiencial e Inmaculado Corazón de María?

Tengo la impresión de que con el pecado y con la virtud hay refinamientos. Algunos pecadores, por así decirlo, han llevado el pecado tan lejos como una criatura humana puede llevar la virtud. Y, al pie de la letra, pecaron todo lo que pudieron, es decir, lo que su condición les permite pecar. Al ser criaturas muy elevadas, tienen la posibilidad de pecar de un modo extremamente abominable. Dice el refrán popular: cuanto mayor es la altura, mayor es la caída.

Así, hubo criaturas de una naturaleza muy alta llamadas por Dios para manifestar un magnífico reflejo de las tres Personas Divinas. En el momento en que pecaron y se aferraron irreversiblemente en el pecado, estas criaturas se volvieron odiosas. Nuestra Señora al ser creada, y haber tomado conocimiento de estas criaturas y de la repugnancia del pecado cometido por ellas, no tuvo en relación con ellas sino odio.

María Santísima tiene en cuenta que el pecador forma un sólo todo con el pecado, así como la persona virtuosa forma un sólo todo con la virtud. Es más o menos como la persona fea y la fealdad; así como la belleza constituye un todo con la persona bella. Tanto la belleza como la fealdad son inherentes al ser de la persona.

Así también el pecado, con la diferencia de que este es elegido libremente por el pecador; y en eso la persona tiene exactamente la nota más humillante, porque ella vio y adhirió a eso por su propia voluntad.

EL ODIO ES MOVIDO POR EL AMOR

Entonces, por el propio amor insondable que Nuestra Señora le tiene a Dios, es imposible que no odie completamente a ese individuo al verlo tan opuesto al Creador. Para cada pecador a quien la Justicia Divina selló su destino condenándolo al infierno, María Santísima puede decir las palabras de la Escritura: “¡Te odié con perfecto odio!”  (cf. Sl 138, 22). Es un odio al que no le falta nada.

Este odio está hecho de una concepción muy recta y noble de cómo debe ser aquel ente, porque Nuestra Señora conoce la forma excepcional de como esa criatura debe ser imagen y semejanza de Dios, y ama mucho eso. Al ver que aquel ser rechaza esa perfección, transformándose voluntariamente en lo contrario, Ella percibe el refinamiento de maldad al que llegó y lo odia por completo, por amor a la misma perfección que Ella contempla en Dios.

Es forzoso que, amando mucho algo, se odie igualmente lo contrario. El odio y el amor se acompañan como la figura y la sombra.

LOS PIES PUROS DE NUESTRA SEÑORA PISAN CON ODIO A LOS CONDENADOS

Podríamos imaginar a Nuestra Señora en la presencia de Dios y, ante ella, un alma que va a ser juzgada. Si fue una persona virtuosa, la mira con amor y le dice: “Hijo mío, ¡cómo te pareces a mí y a los dones que Dios puso en Mí! ¡Quiero besarte, hijo mío, dame tu frente!”

De repente, aparece el alma de un pecador empedernido, trayendo la señal del diablo en su frente. Evidentemente, toda esa fuerza de atracción se convierte en rechazo, y las palabras de afecto se convierten en increpación: “Yo desvío de ti mi rostro, tengo horror ante el semblante que presentas, me causa asco e indignación. ¡Quiero pisar la fealdad que has adquirido por tu pecado, como aplasto la serpiente eternamente!”

Se podría pintar un cuadro que represente a la Santísima Virgen pisando a cada uno de los réprobos que están en el infierno porque, en realidad, sobre ellos pesa eternamente su odio total e implacable. Y Ella tendrá como una más de sus glorias pisar a los condenados, Ella podría decirle a Dios: “¡Os hago este acto de reparación, mi Creador, que sois mi Padre, mi Hijo y mi Esposo! ¡Estos miserables querían lo contrario a Vos, por eso mi pie purísimo, elemento integrante y ejecutivo de la criatura más elevada que vuestra Sabiduría y vuestro Poder engendraron, los aplasta con odio, y entono el cántico de ira y triunfo de todos los justos en el Cielo y en la Tierra!”

ELLA QUISIERA CASTIGAR A SALOMÓN, QUE LLEVÓ A LA PERDICIÓN AL PUEBLO ELEGIDO

De los muchos ejemplos que se podrían ofrecer, no hay ninguno que me cause tanto escalofrío como Salomón, el hijo muy querido, el rey que recibió de David la corona y la misión. David dejó listos los materiales y los planos para la construcción del Templo, pero fue Salomón quien tuvo la gloria de construirlo. Salomón, que es el autor del Libro de la Sabiduría, sin embargo, se prostituyó hasta el punto de adorar ídolos, se convirtió en un corrompido y murió en el libertinaje y la apostasía. ¿Cómo podría un alma caer así desde esa cumbre? ¡Este hombre, que escribió las palabras dictadas por el Espíritu Santo para ser comunicadas a la humanidad, de repente se transforma en ese vaso de abominación!

Al leer en el Libro de la Sabiduría el relato de la construcción e inauguración del Templo, ¡de qué amor el alma santísima de María debería sentirse llena! ¡Fue un reflejo perfecto del amor de Dios y cuánta gloria debió darle!

Sin embargo, al considerar la narración de la caída de Salomón, ¿cómo no podría sentir un odio tan grande cuanto el amor a Salomón en su justicia? ¿Cómo no sentir náuseas, asco, repulsa, deseo de rechazar y castigar a quien se ha convertido así en enemigo de Dios, llevando a la perdición al propio pueblo elegido?

HORROR IMPLACABLE A TODA FORMA DE PECADO

Es conocido que hubo santos que, al escuchar en Confesión a los penitentes, sentían el mal olor de sus pecados.

Cuando el mal olor es fruto simplemente de la negligencia de la persona al tratar con su propio cuerpo, causa un rechazo particular. Nadie tiene la culpa del mal olor del cuerpo causado por alguna enfermedad, pero ser negligente y no tener horror por el mal olor de sí mismo significa una forma de connivencia que contagia el alma de alguna manera con ese mal olor físico.

Por ejemplo, una persona que por negligencia nunca se cepilla los dientes y, por lo tanto, tiene un aliento horrible. Ella sabe que, si se cepillara los dientes, el mal aliento cesaría, pero no se cepilla porque no tiene horror al mal sabor y al mal olor de su boca. Eso nos hace pensar que esta alma tiene conaturalidad con ciertos defectos morales, y quedamos con horror del cuerpo que lleva a un horror al alma, mientras esta no tenga aversión a lo que es horrible para el cuerpo.

Ahora bien, el pecador que podría y debería salir de su pecado, pero se queda en ese estado, tiene incomparablemente más culpa y está más adherido al hedor de su alma que al mal aliento de su boca.

Imaginemos a Nuestra Señora sintiendo el mal olor del alma de Salomón, por ejemplo, que Ella, a posteriori, habrá conocido enteramente. Salomón, cuyas palabras deberían tener el aroma del incienso cuando se quema, el aroma de las frutas cuando alcanzan la madurez, después de que su prevaricación quedó con el olor nauseabundo de todas las podredumbres.

Si esto es así, podemos entender, entonces, el horror implacable de Nuestra Señora a toda forma de pecado.

MARÍA SANTÍSIMA CONOCE INCLUSO LO QUE ESTÁ OCULTO

Así también la Santísima Virgen, a quien nada permanecía oculto, al nacer conocía perfectamente la infamia en que había caído su nación en esos años. Ella sabía que el Mesías estaba por nacer en esos tiempos, pero veía el auge de degradación al que había llegado el pueblo judío. Nuestra Señora no podía dejar de ver, con mucha más lucidez que el profeta, esa visión de Ezequiel cuando fue llevado al interior del Templo y vio en sus recintos ocultos a los sacerdotes practicando la idolatría, pero ante el pueblo fingiendo adorar al Dios verdadero.

Ahora, María Santísima sabía que la clase sacerdotal se estaba preparando para caer en el abismo del deicidio, y que sería la promotora más activa de todas las calumnias contra Nuestro Señor. El Sanedrín era propiamente la fuerza deicida en Israel.

Debemos imaginar a la Virgen María niña entrando para el servicio del Templo, a la edad de tres años, y presenciando esta realidad bivalente: la casa de Dios, donde la gloria de Él habita, los justos van a rezar, su Divino Hijo iría a enseñar, es decir, todo el Templo era una espera ansiosa del Mesías que vendría; y al mismo tiempo, Ella veía, junto al culto verdadero, el culto secreto, disfrazado, abominable, y la prevaricación de toda la clase sacerdotal.

Alguien objetará:

  • ¡Pero ella solo tenía tres años!

Yo respondo:

  • Ella era Nuestra Señora…

No hay otra respuesta que dar. Ella ya lo sabía todo.

¡Con qué admiración ha penetrado en la casa de Dios! ¡Cuál no habrá sido el cántico de los ángeles al ver aproximarse aquella de quien nacería el Salvador y que era la nueva Arca de la Alianza, de la cual el arca guardada en el Templo con tanto respeto era sólo una prefigura!

REACCIÓN DE LAS ALMAS FRENTE A LA VIRGEN NIÑA

Podemos imaginar una u otra alma buena que estaba por allí, tal vez la Profetiza Ana, o el Profeta Simeón, y que, por misteriosas premoniciones, observando a aquella creatura dirían: “¡Qué gran llamado tiene esta niña!” Al verla pasar en el cortejo con las otras niñas educadas para el servicio del Templo, es posible que la hayan reconocido como una intercesora incomparable junto a Dios, y se hayan dirigido a Ella pidiendo favores celestiales. Y la futura Madre de Dios, por una de esas correspondencias internas del alma, daba a entender: “Yo tengo consonancia contigo, tú eres uno conmigo”. ¡Y aquella alma se bañada en alegría!

Probablemente algunos hicieron que sus vidas giraran en torno a Ella. Conociendo en las diversas ocasiones del día en donde estaba Nuestra Señora, miraban una habitación, por ejemplo, para ver si Ella aparecería en la ventana; o comprobaban qué recinto dejó la Niña para poder entrar allí poco después, y por este modo vivir en María, con María y por María, que era una forma anticipada de vivir en Cristo, con Cristo y por Cristo.

 Por lo tanto, debería haber almas fervientes alrededor de la Santísima Virgen a quienes Ella estimulaba cada vez más hacia el bien, elevándolas a una cumbre de santidad para ellas inimaginable. A otros que eran buenos, pero viviendo en la mediocridad, Ella los invitaba a levantar el vuelo rumbo a la perfección que deberían lograr, pero que no alcanzaron. A cada uno de ellos su presencia les decía: “O me amas, o te estancas. ¡Ha llegado tu hora! ¡Ven, hija mía!”

Finalmente, también estaban los hijos de Satanás, abominando cualquier forma de verdad, de bien o de belleza, y que al sentir su presencia, el demonio gruñía en su interior, se escondía, se agitaba, tenía miedo, sentía la necesidad de abandonar la presa y huir, pero armaba el alma de aquellos malditos contra Ella.

TENÍA ODIO Y FUE ODIADA


San Joaquín y Santa Ana – Museo de Arte Sacro, Évora, Portugal

Si un buen católico en el mundo de hoy produce división, ¿cómo no suponer que Nuestra Señora también dividió? No podía dejar de haber en el Templo, además de los amigos de la Virgen, los enemigos que desviaban de Ella la mirada y sentían malestar estando cerca, la odiaran y trataran de calumniarla o difamarla, intentaran de muchos modos serle nocivos, invocaran demonios para tentarla, para probarla, para que le negaran su comida, en fin, la sabotearan por todas las formas. Excepto por una disposición especial de la Providencia, esto debió haber sido así. Y tanto las almas que estaban a su favor como las opuestas terminaran articulándose. Por lo tanto, Nuestra Señora, en el Templo, hizo la Contrarrevolución, opuesta a la Revolución que se estaba preparando contra su Hijo.

Estas son hipótesis que giran en torno a la Santísima Virgen María y nos hacen entender cuál fue su vida, el papel que jugó el odio desde su primera infancia.

Llevo más allá mis conjeturas: creo que Nuestra Señora, cuando estaba en el claustro materno de Santa Ana, ya causaba malestar en los que eran satanás. El diablo, desde el momento en que María Santísima fue concebida, comenzó a perseguir a Santa Ana de una manera especial, surgieron antipatías, odios, así como veneraciones y simpatías, incluso antes de darse cuenta de que había concebido una creatura. De tal manera Nuestra Señora es lo opuesto al demonio, que tuvo que sentir la irradiación de la persona de Ella, instigar contra Ella el odio de aquellos en quien él habitaba. Imposible que no fuera así.

Vemos, por lo tanto, que, desde el primer momento de su ser, Ella tenía odio y fue odiada. Esta compresión y descompresión del odio y del amor representaron la propia trama de la existencia de Ella.

(Extraído de la conferencia del Dr. Plinio del 5/7/1980)

05Ene/22

MATERNIDAD DIVINA, ESENCIA DE LA DEVOCIÓN MARIAL

MATERNIDAD DIVINA, ESENCIA DE LA DEVOCIÓN MARIAL

Plinio Correa de Oliveira

Extraído de conferencia del 14/08/1965

Por ser el hombre compuesto de espíritu y materia, todo el cosmos se dignifica por el hecho de haber sido hecha la unión hipostática con la naturaleza humana.

Así se establece una jerarquía admirable, toda sembrada de contrafuertes: por encima de todo Dios, infinito, incomparable a cualquier criatura; en seguida, Nuestro Señor Jesucristo, después de quien se constituiría naturalmente un abismo si no fuese colocada una criatura humana, auge de todo cuanto puede ser la mera Creación: María Santísima, su Madre.

La Virgen y el Niño Museo de Bellas Artes, Bilbao, España.

Ella es el espejo más perfecto de Dios que pueda ser una simple creatura. Nuestra Señora es la Reina de los Ángeles, de los hombres, del Cielo y de la Tierra, revestida de todos los otros títulos, cualidades y gracias – incluso la mediación universal – por el hecho de ser Madre de Dios. La Maternidad de María, e algún modo, es la propia raíz y esencia de la devoción marial.

11Nov/21

EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA: La sagrada unión entre Hombre y Mujer

EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA: La sagrada unión entre Hombre y Mujer

Por Fernando Gioia, EP – Heraldos del Evangelio

Este vínculo sagrado, mutua entrega que exige plena fidelidad e indisoluble unidad, está ordenado a la procreación y a la educación de los hijos.  

“La familia, en los tiempos modernos, ha sufrido quizá, como ninguna otra institución, la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura”, con esta singular frase comienza la Exhortación Apostólica de San Juan Pablo II, Familiaris Consortio/La Comunidad de la Familia, hace 40 años.

Transformaciones a través de las cuales – en estos momentos marcadamente – se sienten las fuerzas del mal intentando, por un lado, destruirla, y por otro, desformarla (FC, 3).

Ante tales embates, sentía el recordado Pontífice que muchas familias permanecían fieles “a los valores que constituyen el fundamento de la institución familiar”, pero veía penetrar otras incertezas, dudas o ignorancia y, con relación al significado último y la verdad de la vida conyugal y familiar, desánimo y angustia ante las dificultades crecientes.

La dignidad de esta bella institución, oscurecida por deformaciones, es “frecuentemente profanada por el egoísmo, el hedonismo y los usos ilícitos contra la generación” (Gaudium et spes: GS, 47)

Célula primera y vital de la sociedad, no se basa en disposiciones humanas. Fundada por el Creador y en posesión de leyes propias, la íntima comunidad conyugal “se establece sobre la alianza de los cónyuges, es decir, sobre su consentimiento personal e irrevocable” (GS, 48).

Los esposos se dan y se reciben mutuamente: “Yo te recibo como esposo/a y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida”. Se han convertido en cónyuges, unidos por un yugo libremente acogido, en una sola esperanza. Entregándose uno al otro sin reservas, no se pertenecen más a sí mismos. Marido y mujer pasan a ser una sola carne, un solo corazón, una sola alma, aún en la diversidad de sexo y de personalidad. Bien afirmaba el Papa Emérito, Benedicto XVI, que: “la profundidad y la belleza (del matrim0nio) radican precisamente en el hecho de que es una opción definitiva” (31-8-2006).

Nace, en esta complementariedad entre persona femenina y masculina, semejante y desemejante, ante los hombres una institución confirmada por la ley divina; primera escuela de virtudes sociales, “escuela del más rico humanismo” (GS, 59), fundamental para el desarrollo de la sociedad.

Importa considerar que el orden social está profundamente relacionado con el bien de la familia, que concede al mundo la grandeza de la vocación al amor y al servicio de la vida, “llamada a santificarse y a santificar a la comunidad eclesial y al mundo” (FC, 55).

Institución natural – de “derecho natural” diríamos en terminología jurídica – que está ordenada al: “sed fecundos y multiplicaos y llenad la tierra” (Gén 1, 28); razón por la cual, necesariamente, tiene que ser una alianza estable. Esta unión matrimonial forma, con sus hijos, una familia. “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer” (Mt 19, 5). San Pablo utiliza la imagen del matrimonio para expresar la relación de Cristo con la Iglesia, esa unión no temporal o experimental, sino fiel e indisoluble: “este es el gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia” (Ef 5, 32).

Es crucial, hoy y siempre, pregonar los designios de Dios con la misma creación, origen y fundamento de la sociedad humana. Al principio, en efecto, “creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Dios los bendijo, y les dijo Dios: Sed fecundos y multiplicaos” (Gn 1, 27-28).

Este vínculo sagrado, mutua entrega que exige plena fidelidad e indisoluble unidad, está ordenado a la procreación y a la educación de los hijos.  Marido y mujer, que por el pacto conyugal, “ya no son dos, sino una sola carne” (Mt 19, 6).

Bien saben los nuevos cónyuges, en el momento de realizar el consentimiento legítimo comentado arriba, que el matrimonio no va a ser un caminar de delicias tras delicias. Será un recorrido que tendrá cruces, que deben de ser aceptadas en armonía, santificándose el uno al otro, y los dos santificando a sus hijos. El amor madura en los caminos que tienen sufrimiento en su recorrido. “La verdadera belleza necesita también de contraste. Lo oscuro y lo luminoso se completan” (Benedicto XVI, Ídem). Así, la familia será lo que sea el matrimonio, y éste ayudará para la salvación de los demás, antes que nada, del otro, de los hijos, y de toda la comunidad.  

No queda duda, por lo tanto, que la familia es un bien, una obra divina. Pero, a lo largo de los últimos decenios, estos principios comenzaron a ser cuestionados, cuando no negados, escarnecidos y despreciados.

Alarma el ocaso de valores fundamentales en el mundo actual que repercute en la esencia del matrimonio: la desacertada concepción de la independencia de los cónyuges entre sí, las ambigüedades sobre la autoridad de padres, las dificultades en la transmisión de valores, el número cada vez mayor de divorcios, la plaga del aborto, etc. Unas familias sufren falta de medios de supervivencia (trabajo, alimento, vivienda, salud), otras, en su excesivo bienestar, navegan en el consumismo moderno. Todas, peor aún, sufren la presión de los medios de comunicación y de redes sociales que – no pocas veces – obscurecen los valores morales basados en los Mandamientos de la Ley de Dios.

Deseamos que esta “pequeña Iglesia” o “iglesia doméstica”, llamada a ser signo de unidad para el mundo y a ejercer destacada influencia en la sociedad, “vuelva a remontarse a lo más alto. Es necesario que sigan a Cristo” (FC, 86).

Recemos, por tanto, para que la Sagrada Familia, probada por la pobreza, la persecución y el exilio: San José, la Virgen María y Cristo Jesús, Rey de las familias, guarden, protejan e iluminen siempre a todas las familias. Pues, como exclamaba San Juan Pablo II, para no ceder a los espejismos actuales: “¡El futuro de la humanidad se fragua en la familia!” (FC, 86).

17Oct/21

UNA DEVOCIÓN DE LUCHA

UNA DEVOCIÓN DE LUCHA

Revista Dr. Plinio en español – No. 41 – septiembre 2021    –
El Rosario otorga a la meditación de la vida de Nuestro Señor la nota mariana por excelencia, teniendo por detrás la verdad de Fe que debemos anhelar, desde el fondo de nuestra alma, se convierta en dogma: la Mediación Universal de María.

Dada la grandeza de la fiesta del Santo Rosario, es importante decir una palabra sobre esta devoción que consiste en la meditación de los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos de la vida de Nuestro Señor Jesucristo hecha en el Rosario, cada parte con cinco misterios.

La persona verdaderamente piadosa reza al menos una parte del Rosario al día.

Ciertamente es magnífico meditar en los misterios de la vida de Nuestro Señor. Además, los misterios allí señalados, en aquel elenco, aunque no sean los únicos, están muy bien concatenados y expuestos, y podemos percibir fácilmente el provecho que las almas obtienen con esta meditación.

Sin embargo, debemos reconocer que existen en la Iglesia otros métodos de meditación sobre los misterios de la vida de Nuestro Señor. Tenemos, por ejemplo, la meditación hecha de acuerdo con los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Esta técnica ignaciana se puede aplicar a cada uno de los misterios del Rosario. Hay otra devoción que medita magníficamente los misterios dolorosos: el Vía Crucis.

– Nuestra Señora del Rosario – Monasterio de San Pelayo de Antealtares,
Santiago de Compostela, España –

Por lo tanto, aunque el Rosario sea una devoción muy importante, considerado en su última coherencia no es más que otra presentación de estilo de meditación y acto de piedad que la Santa Iglesia, en su empeño maternal, multiplica de diversas maneras.

Y debido a esto, la siguiente pregunta no tiene una explicación muy clara: ¿Por qué todos los enemigos de la Iglesia odian tanto el Rosario? Lo odian y lo combaten más que todas las devociones similares. ¿Por qué también, por otro lado, el Rosario es objeto de una especial predilección de los verdaderos hijos de Nuestra Señora y de la Iglesia, de modo que tengan un gran aprecio, no sólo al método, sino a algunos imponderables vinculados al mismo objeto de piedad utilizado continuamente como una especie de garantía de bendición, de favor de Nuestra Señora, al punto de que, por ejemplo, no se concibe una persona verdaderamente piadosa que no lleve siempre consigo su rosario y que no rece al menos una tercera parte al día? Y no se concibe un miembro de nuestro Movimiento que no rece el Santo Rosario, es decir, las tres terceras partes todos los días; o que, al no poder rezarlo por justas razones, no tenga por causa de esto un gran dolor y una viva esperanza de retornar a rezar el Rosario.

Una de las bellezas de la Iglesia Católica.

Hay muchas órdenes religiosas que utilizan el Rosario como un elemento integral de su hábito. Está extendida la costumbre de enterrar los difuntos con un rosario entrelazado en las manos. Quiere decir, para esperar la resurrección de los muertos, el verdadero católico no se contenta con ir a la tumba con un crucifijo, sino ir también con el Santo Rosario. Son sin número las indulgencias con las que los Papas cubrieron el Rosario. La invocación de Nuestra Señora del Rosario es muy generalizada: catedrales, diócesis, familias religiosas, personas que utilizan el nombre de “Rosario” en varias naciones.

Por todos lados el Rosario goza de una influencia, una aceptación por parte de los buenos, sólo comparable al odio que experimenta por parte de los malos. Son varios los hechos que narran cómo el demonio, buscando atormentar a esta o aquella alma, retrocede cuando la persona atormentada lo enfrenta con el Rosario. Todo aquel que tiene un mal espíritu odia el Rosario, lo subestima o lo combate directamente. Por ejemplo, los jansenistas lo odiaban, los protestantes lo odian.

Entonces nos podríamos preguntar la razón de esta gloria especial del Rosario para la que, después de todo, no encontramos un fundamento al analizar a fondo esencia del Rosario, que es la meditación sobre los misterios de la vida y la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

Me parece que, desde el principio, debemos reconocer que esta es una de las bellezas de la Iglesia Católica. Siendo que es extraordinariamente precisa en su pensamiento teológico, y sin embargo, está lleno de imponderables, que en algunos aspectos, constituyen el jugo de la devoción.

Mediación Universal de María Santísima.

Tomemos como ejemplo la admirable devoción del Vía Crucis. En ella se encuentra algo de la ternura de San Francisco de Asís, y sus imponderables invitan a una meditación enternecida, conmovida de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y de su sagrada muerte, de una manera especial. Hay un espíritu que fluctúa alrededor del Vía Crucis que constituye quizás lo mejor de su eficacia. Es una gracia específica vinculada con esta forma de devoción.

Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio son también una forma no exactamente de devoción, sino de meditación que trae consigo una gracia especial de lógica, energía, honestidad de conciencia y generosidad al poner a los fieles ante los problemas relacionados con su salvación eterna.

En el Rosario, la gran fuente de inspiración de nuestra meditación y el objetivo inmediato de nuestra oración es la Santísima Virgen. En mi opinión, es debido a este enfoque tan especial de Nuestra Señora que el Rosario constituye la devoción mariana por excelencia, teniendo por detrás la gran verdad de Fe, que debemos anhelar desde el fondo de nuestra alma que se convierta en un dogma: la Mediación Universal de María.

El sistema de rezar el Rosario apelando a Nuestra Señora en todo, rezando Avemarías mientras se considera algún episodio; ahora relacionando la oración con el acontecimiento, ahora concentrando la atención principal en el misterio, ahora en el Avemaría, en todo caso, siempre en una unión continua con Nuestra Señora; este es el carácter mariano que, en mi opinión, constituye el jugo del Rosario, porque esta devoción no tendría sentido si la Mediación Universal de María no fuera verdadera.

Debido a que representa un preludio de toda la teología de San Luis María Grignion de Montfort, de la verdad de Fe relativa a la Mediación Universal, el Rosario es tan odiado por el demonio. Y es por este imponderable que debemos aferrarnos mucho al Rosario.

En suma, debido a la nota mariana que el Rosario da a la meditación sobre la vida de Nuestro Señor, es una señal de la predilección de la Virgen el hecho de que alguien tenga una devoción especial al Santo Rosario. También es una señal de que Ella ama a alguien el hecho de que, a través del Rosario, lleve su alma a amar una posición que solo se justifica frente a la Mediación Universal. Por lo tanto, el Rosario es el verdadero símbolo de la devoción del fiel a Nuestra Señora, de aquel que quiere pertenecer a Ella plenamente.

Que Nuestra Señora nos haga luchadores enteramente de ella.

Esto se confirma por el odio del demonio y de los malos a esta devoción. A veces son más perspicaces que los buenos; y cuando odian mucho algo, podemos estar seguros de que eso es realmente bueno.

La razón por la que, al decorar nuestra sede principal, colocamos en la puerta de la capilla un Rosario pendiente de una espada, es para llamar la atención sobre dos verdades o dos pensamientos que deben marcar a quienes allí entran: en primer lugar, la fidelidad al Rosario y, a través de él, esta devoción omnímoda a Nuestra Señora, que es, al final de cuentas, la Mediación Universal. Después, la espada que nos recuerda al espíritu de lucha.

No es apenas por adorno que está allí, sino se colocó a propósito así, para llamar la atención de los que entran y marcar como prefacio, preparando una especie de golpe en la mentalidad del que entra, para adquirir el espíritu que se debe tener dentro de esa capilla. Este simbolismo es un estímulo continuo que queremos dar, para que se practique cada vez más la devoción al Santo Rosario.

Queda entonces, este pensamiento para recordar que el Rosario es una devoción de lucha y que vivimos en un tiempo de batallas. Por lo tanto, pidamos a Nuestra Señora que nos haga luchadores auténticos, enteramente de Ella. No conozco mejor pedido para ser hecho a través del Santo Rosario.

(Extraído de la conferencia de 6/10/1966)

19Sep/21

LAS REALIDADES TERRENAS DEBEN SER PARECIDAS CON LAS DEL CIELO

LAS REALIDADES TERRENAS DEBEN SER PARECIDAS CON LAS DEL CIELO

Revista Dr. Plinio en español – No. 41 – septiembre 2021

En la consideración de la fiesta de San Rafael Arcángel debemos impetrarle la graciade ver en todas las realidades terrestres la semejanza con las celestiales. Solamente, en la medida que amemos las realidades terrenas parecidas con el cielo, prepararemos nuestras almas para el Reinado de María Santísima y para la eterna beatitud.

San Rafael Arcángel Iglesia de los Jesuitas, Venecia, Italia
San Rafael Arcángel Iglesia de los Jesuitas, Venecia, Italia.

El culto a los Santos Ángeles está muy relacionado con nuestra espiritualidad, razón por la cual el estudio de los espíritus angélicos ocupa un papel muy importante en nuestros pensamientos.

PEDIR GRACIAS ESPIRITUALES Y TEMPORALES

San Rafael, como siendo uno de los más eminentes de los ángeles, naturalmente tiene un lugar privilegiado en nuestra devoción. Por otro la-do, el hecho de que él encamine las oraciones de los hombres hacia Dios y, naturalmente, a Nuestra Señora, que también es intercesora para los ángeles, es un motivo especial para que le demos culto a San Rafael.

El arcángel San Rafael es el Patrono de los que viajan y también de los enfermos. Hay tanta gente que, a uno u otro título, es enfermo. Considero una buena cosaque la persona, en relación a sus propias enfermedades, se comporte así: “Dios mío, os pido que me libréis de esta enfermedad, pero si no lo hiciereis, pues es de vuestro designio, haced por lo menos que yo saque todo el fruto espiritual de ella”.

Alguien podría pensar que pedir la salud no corresponde a una actitud perfecta, porque es una gracia temporal y no espiritual. Dios me libre de una religiosidad que sólo pida las gracias temporales; pero, que Él me libre igualmente de otra que juzga que hay una imperfección en pedirlas gracias temporales. Se debe pedir también “el pan nuestro de cada día”.

PROTOCOLO MONÁRQUICO DE LOS BUENOS TIEMPOS

Una de las nociones que se borraron mucho del culto de los ángeles, y que me parece interesante recordar, es la de que el cielo constituye una verdadera corte. Antiguamente se hablaba mucho de la Corte Celestial, que encuentra su fundamento en la idea de que Dios está delante de los ángeles y santos, en la Iglesia Gloriosa, como un rey delante de su corte.

Pero lo curioso es que algunas peculiaridades propias a las cortes existentes en la tierra, por las similitudes entre las cosas de la tierra y del cielo, acaban existiendo también en la Corte Celestial, constituyéndose una corteen el sentido mucho más literal de la palabra de lo que se podría imaginar.

Si consideramos un protocolo monárquico de los buenos tiempos, veremos que no era, según imaginan algunos, una cosa formal y completamente vacía; era la manera de regirla existencia de las varias personas al servicio del rey, de forma que todo se pasase de un modo práctico, sencillo y decoroso, facilitando toda la vida del monarca.

Así, por ejemplo, cuando el rey se colocaba a disposición para recibir los pedidos de sus súbditos, él los atendía teniendo en torno suyo, en las grandes ocasiones, a los príncipes de la Casa Real y personas de alta nobleza. Las peticiones eran presentadas por escrito; sin embargo, el interesado comparecía delante del monarca y podía dirigirle la palabra para decirle lo que quisiese. Algún príncipe, una personade alta categoría, o alguien que fuese allegado al interesado también podía decir algo. Entonces, el solicitante entregaba un rollo de papel con su pedido a un dignatario, que el rey examinaría después. Había una mesa sobre la cual iban acumulándoselas peticiones que después eran despachadas por un Consejo especial.

Se nota entonces una especie de jerarquía de funciones, de dignidades, de intercesiones que conducen al rey; y después, procediendo de él, llega a los particulares. Ése es el mecanismo de una corte.

PADRÓN PARA TODAS LAS CORTES TERRESTRES

En la Corte Celestial en último análisis existe el mismo protocolo y por las mismas razones. Dios Nuestro Señor – que evidentemente no necesita de nadie –, al haber creado seres diversificados es natural que entregue a ellos algunas misiones junto a Él, según una disposición jerárquica. Y también, que esos seres posean un brillo, un esplendor, una dignidad en la mansión celestial, correspondiente a las tareas de las que son incumbidos, tareas estas que a su vez corresponden a la propia naturaleza de ellos.

Así, está enteramente de acuerdo con el orden del universo que los seres humanos sean regidos por los ángeles, y éstos sean intercesores de los hombres junto a Dios. De manera que es verdaderamente una vida de corte, con un protocolo y una dignidad, que sirve de padrón para todas las cortes terrestres, e indica la necesidad de que exista un protocolo, una jerarquía, una diversificación de funciones. El ejemplo contrario de eso lo tenemos en los discursos de jefes de Estado y de sindicalistas modernos, teniendo una pilade gente atrás, decenas de micrófonos y gente alrededor conversando; el individuo interrumpe la arenga, da una orden para éste o aquél, cuenta un chiste y, después continúa hablando para la masa. Un caos en el cual no hay compostura ni dignidad. Y esa carencia de orden, compostura y dignidad van constituyendo la igualdad y la democracia.

Al contrario, en el estilo aristocrático-monárquico encontramos esa diferenciación, esa jerarquía que es la propia imagen del cielo, y comprendemos mejor aquella afirmación de Pío XII de que, aún en las democracias verdaderamente cristianas, es indispensable que las instituciones tengan un alto tonus aristocrático.

CONDICIÓN PSÌQUICA DE SOBREVIVENCIA EN LA TIERRA

La fiesta de San Rafael nos conduce exactamente a esa idea. Es un intercesor celestial de alta categoría que lleva nuestras oraciones a Dios, porque es uno de los espíritus angélicos más elevados que asisten junto a Él y, por lo tanto, están más próximos de Él para pedir por nosotros, constituyendo los canales naturales de las gracias que deseamos.

Esa consideración nos conduce a la idea de que debemos reforzar cada vez más en nosotros el deseo de que las realidades terrestres sean semejantes a las celestiales. Porque, sólo en la medida en que amemos las realidades terrenas parecidas con las del cielo, es como preparamos nuestras almas para la beatitud celestial. Si al morir no tenemos apetencia por las realidades terrestres parecidas con las celestiales, no tendremos apetencia del cielo.

Por lo tanto, hay algo en ese espíritu de jerarquía, de distinción, de nobleza, de elevación, que corresponde a una verdadera preparación para el cielo; preparación que es tanto más deseable cuanto más vayamos sumergiéndonos en un mundo de horror, en el cual todas las exterioridades con las cuales tomamos contacto son monstruosas, caóticas y desorganizadas.

Es una necesidad del espíritu humano, de modo a no sumergirse en la desesperación, que la persona pueda poner sus miradas extenuadas y doloridas en algo digno y bien ordenado. No es propio del hombre vivir en el mare magnum de cosas que caen, se sumergen y se deterioran. En algún lugar él necesita poner su alegría y su esperanza.

Pero de tal forma todo cuanto es digno va desapareciendo de este mundo que, o tenemos cada vez más nuestro deseo y esperanza puestos en el cielo, o no tendremos más condiciones psíquicas de sobrevivencia en la tierra.

Hubo una santa que tuvo una revelación en la cual vio a su propio ángel de la guarda. Era un ente de una naturaleza tan elevada, tan noble y excelsa, que ella se arrodilló delante de él para adorarlo, pensando que era el propio Dios. El espíritu celestial debió explicarle que él era sólo su ángel de la guarda, perteneciente a la jerarquía menos alta que existe en el cielo. En comparación con eso, ¿qué podemos imaginar de un ángel como San Rafael, de las más elevadas jerarquías?

SAN LUIS, REY DE FRANCIA, Y SAN RAFAEL, PRÍNCIPE CELESTE

Pero para no quedarnos en la concepción de un puro espíritu, podemos servirnos de una comparación antropomórfica que nos haga degustar mejor esa realidad, imaginando por ejemplo a San Rafael tratando con Nuestra Señora en el cielo, a la manera de San Luis Rey de Francia, hablando con su madre Blanca de Castilla.

Es sabido que San Luis era un hombre de alta estatura, gran belleza, muy imponente, de manera que al mismo tiempo atraía, infundía un respeto profundo y suscitaba un inmenso amor. Poseía el estilo de un guerrero terrible en la hora del combate, y era el rey más pomposo y decoroso de su tiempo.

Ese rey, en el cual brillaban todas las glorias de la santidad y que era un hijo muy amoroso, podemos imaginarlo en los esplendores de la corte de Francia conversando con Blanca de Castilla. ¡Cuánta distinción, cuánto respeto, cuánta elevación, cuánta sublimidad en esa escena! Ella nos da un poco la idea de lo que sería San Rafael dirigiéndose a Nuestra Señora. Un rey como San Luis era una especie de ángel en la tierra. San Rafael, vagamente puede ser considerado como una especie de San Luis celeste. Él es un Príncipe celeste; sólo con la diferencia de que San Luis era rey y San Rafael, no. Y Nuestra Señora es Reina a un título mucho más alto que Blanca de Castilla.

Por esta trasposición podemos tener un poco la idea, a la manera de hombres, de la alegría de la cual vamos a estar inundados en el cielo, cuando podamos contemplar a un arcángel como San Rafael; y todo cuanto veremos de Dios admirando a ese Príncipe celeste.

Pidamos a él que tengamos esa contemplación; pero también, que algo de esas ideas penetren en nosotros en esta vida, y que la consideración de ese orden ideal y realmente existente nos conforte para una esperanza del cielo y del Reinado de María, disipando toda la tristeza creciente de estos días en que los castigos previstos por Nuestra Señora en Fátima se van aproximando tan rápidamente de nosotros.

13Sep/21

LA IGLESIA:¿DEBE ACTUALIZARSE?

LA IGLESIA: ¿DEBE ACTUALIZARSE?

P. Fernando Gioia, EP
Heraldos del Evangelio
El futuro de la Iglesia vendrá de “aquellos que tienen raíces profundas y viven de la plenitud pura de su fe”, no de aquellos que “solo dan recetas” o que “se acomodan al instante actual”, tampoco de los “que escogen el camino más cómodo”, ha de ser: “acuñado nuevamente por los santos”

“Porque no sois del mundo, por eso el mundo os odia” (Jn 15, 18), advertía Nuestro Señor Jesucristo a sus Apóstoles resaltándoles que: “si el mundo os aborrece, sabed que me aborreció a mí primero que a vosotros” (Jn 15, 20).

En las primeras instrucciones después de su Resurrección, los envió a bautizar “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Sin embargo, también les dijo que enseñen: “a observar todo cuanto yo os he mandado” (Mt 28, 20); una forma de vivir que contrastaba, firmemente, con la que llevaban los hombres y mujeres de aquellos alejados y paganizados tiempos.

Previendo el rechazo del que sus apóstoles serían víctimas, no les dijo: “si en algún lugar no se os recibe ni se os escucha”, traten de adaptar un poco sus palabras para que obtengan aceptación. Sí les indicó, caso no fueran admitidos, tomar una fuerte actitud: “al marcharos, sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos” (Mc 6, 11).

Estos consejos nos introducen en una temática discutida entre los propios católicos y hasta en los que no lo son.

Queda claro que en momento alguno les indicó que se acomoden al modo de vivir del mundo, a los “signos de los tiempos” – palabra tan utilizada por aquellos que se consideran “modernos” o “progresistas” enfrentándose con los calificados de “conservadores” –; todo lo contrario, sino que enseñen una nueva forma de vivir a los que son del mundo.

Sucede que las duras verdades de la religión, a veces, contradicen las comodidades. Es así que se presenta el dilema del qué hacer, pues acomodarse sería hacer un rechazo a la misión que Dios les había confiado.

En los días de hoy nos encontramos ante un proceso de “cambios profundos y acelerados” (Gaudium et spes, 4) que, cuanto más cómodos, más aceptados son. “Vivimos bajo la impresión de un fabuloso cambio en la evolución de la humanidad” decía Joseph Ratzinger, futuro Benedicto XVI, en 1970 (Libro Fe y futuro, p. 61).

No son pocos los que se preguntan: ¿hay cosas que pueden cambiar?, ¿será que nos vamos adaptando a todo lo nuevo que viene?, ¿debe la Iglesia actualizarse a ciertas situaciones para no dar entrechoques?

Al mismo tiempo pareciera que nos encontramos en los   momentos en que: “Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque eran como ovejas que no tienen pastor” (Mc 6,34). El hombre moderno está, muchas veces, sin rumbo, por la falta de clarificación de la doctrina. Gran variedad de ideas y doctrinas son difundidas en la sociedad – y abundantemente en los medios católicos – sin saber cuáles están realmente de acuerdo con la enseñanza del Divino Redentor. Los hombres necesitan conocer la Verdad, vivimos una carencia clara de doctrina y de pensamiento. Urge ser infaliblemente fieles a Aquel que es el “Camino y la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6).

La Iglesia Católica, en el ejercicio de su misión, debe enseñar la verdad, gobernar de acuerdo a la verdad y santificar según la verdad suprema, que es el propio Dios, a un mundo que no está en posesión de la verdad. Si quiere salvar almas, instruyéndolas en las verdades de la religión, nunca puede adaptarse a los vicios de la sociedad humana con una verdad relativa, sino esforzarse por devolverlas a la verdad, ya que cualquier adaptación al espíritu del mundo fácilmente da lugar a desviaciones. La verdad enseñada por Nuestro Señor Jesucristo es única y absoluta, y no permite relativizaciones ni adaptaciones en aquellos lugares donde no sea debidamente escuchada.

El sol, que sustenta la vida en la tierra, él es él, sin adaptarse a nadie; esto hace que sea el eje y la fuente de vida, al no amoldarse y ser siempre el mismo. No es posible imaginar, en sentido contrario, a Nuestro Señor decidiendo adaptarse – por ejemplo – a aquellos que estaban en la sinagoga de Nazaret, no siento tan rígido. ¡Dejaría de ser Nuestro Señor!

Bien nos decía la Oración Colecta del XV Domingo Tiempo Ordinario: “Señor Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados para que puedan volver al buen camino, concede a cuantos se profesan como cristianos rechazar lo que sea contrario al nombre que llevan y cumplir lo que ese nombre significa”.

Una triste circunstancia refleja lo que estamos comentando. La Conferencia Episcopal de Alemania publicó terribles estadísticas que muestran el número de fieles que ha abandonado la Iglesia en ese país en los últimos tres años: más de 710.000 (CNA Deutsch, 14-7-2021).

“Profetizó” misteriosamente esta situación, cuando era un simple sacerdote, el actual Papa Emérito Benedicto XVI: “la crisis presente ¡decía en esos tiempos! – es sólo “la reanudación de lo entonces empezado, en el período del llamado modernismo, para la Iglesia vienen tiempos muy difíciles. Su auténtica crisis no ha comenzado. Hay que contar con graves sacudidas” (“Fe y Futuro”, 1970, p. 69 y 77). A seguir afirmaba, dando esperanza, que el futuro de la Iglesia vendrá de “aquellos que tienen raíces profundas y viven de la plenitud pura de su fe”, no de aquellos que “sólo dan recetas” o que “se acomodan al instante actual”, tampoco de los “que escogen el camino más cómodo”, ha de ser: “acuñado nuevamente por los santos” (p. 74-75). Pero, terminaba: “estoy completamente seguro de que permanecerá hasta el final, la iglesia de la fe” (p. 77).

Muchos hechos acentúan, a todo momento, cómo la presente fase histórica que vivimos es palco de una crisis religiosa sin precedentes. En Friburgo, ya siendo Papa, no “profetizaba” sino que pedía una Iglesia que se separe del mundanismo: “para cumplir su misión deberá desligarse del mundo” (25-9-2011), es decir, menos espíritu del mundo, más fe. Se lamentaba, poco antes, “del éxodo del mundo de la fe”, en su país de origen. (Herder Korrespondenz/Gaudium Press, 26-7-2021).

Todo esto exige de los católicos una confianza inquebrantable en el triunfo de la Santa Iglesia – mismo que parezca dormida o en una aparente muerte –, que resurgirá y será exaltada, presentándose: “gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada” (Ef 5, 27).

La Prensa Gráfica de El Salvador, 29 -8- 2021

www.reflexionando.org

20Ago/21

GRACIAS DE MARÍA EN LA AURORA DE SU REINO

GRACIAS DE MARÍA EN LA AURORA DE SU REINO

Revista Dr. Plinio en español No.40 agosto 2021

La fiesta de Nuestra Señora Reina (que celebramos el 22 de agosto), tal vez, es la más oportuna de ser evocada en los días que vivimos, porque a medida que la realeza de la Santísima Virgen es contestada, nosotros la debemos proclamar.

Siendo Nuestra Señora la Madre de Dios, Él quiso honrarla concediéndole la realeza sobre todo el universo: los Ángeles, Santos, hombres vivos, almas del Purgatorio, condenados y réprobos del Infierno, y demonios; todos le obedecen. Hay, por lo tanto, una mediación de poder y no apenas de gracia, por la cual Dios ejecuta todas sus obras por medio de Nuestra Señora. Ella posee el cetro, de modo a ser no solo el canal por donde el imperio de Dios pasa, sino la Reina que decide, siempre en conformidad con la voluntad divina, solo que con una piedad de Madre que Él no podría tener, por no estar en su papel de Padre y Juez. Así, la realeza de Nuestra Señora sobre el universo es una obra-prima de lo que podríamos llamar la habilidad de Dios para tener misericordia de los hombres.

Recordando este principio de la universalidad de la realeza de Nuestra Señora, debemos preguntarnos si en nuestro interior Ella es Reina de hecho. Para eso, no basta saber si estamos en estado de gracia; es necesario ir más lejos y preguntarnos si tenemos el espíritu de la Revolución o de la Contra-Revolución. Si la Revolución es la negación del Reino de María, quien participa de su espíritu no puede decir que contiene en sí ese Reino, pues él solo existe en el alma de quien posee, positiva y completamente, el espíritu contrarrevolucionario.

Participa de la Revolución todo aquel en cuya mentalidad existen ideas y tendencias consentidas que conducen a conclusiones y actitudes revolucionarias. Debemos, pues, esforzarnos para que no exista en nosotros ningún defecto de Revolución, de manera que los más puros principios contrarrevolucionarios estén entronizados en nuestra alma y seamos verdaderos adeptos de la Contra-Revolución.

Por otro lado, no basta que Nuestra Señora sea Reina en cada uno de nosotros. Es necesario que hagamos lo posible para que Ella reine en el mundo entero. Para eso, conviene que nos preguntemos qué hacemos por la realeza de María en la Tierra. ¿Somos apóstoles contrarrevolucionarios? ¿O somos inseguros, medrosos, callados, condescendientes con las máximas del mundo?

Pidamos a la Madre de Misericordia que arranque de nuestras almas cualquier fermento de Revolución; que Ella nos hable en la profundidad de nuestros corazones, mostrándonos lo que debemos hacer para ser auténticamente contrarrevolucionarios.

Imploremos que luzca ante nosotros la alborada del Reino de María con la comunicación de gracias mariales que harán de sus hijos y esclavos, los verdaderos Apóstoles de los Últimos Tiempos1.2

1) Apóstoles profetizados por San Luis María Grignion de Montfort, especialmente devotos de la Santísima Virgen, que trabajarán para la instauración del Reino de María.

2) Cf. Conferencia 22/5/1968.

09Ago/21

LOS ABUELOS ANCIANOS, LOS ENFERMOS Y LA EUTANASIA

LOS ABUELOS ANCIANOS, LOS ENFERMOS Y LA EUTANASIA

P. Fernando Gioia, EP

Los ancianos tienen la preciosa misión de ser “testigos del pasado e inspiradores de sabiduría para los jóvenes y para el futuro”, decía San Juan Pablo II en la Familiaris Consortio (27), incentivando a que se tenga una singular veneración y especial afecto para con ellos. Transmiten paz y tranquilidad, su experiencia de vida suaviza las discrepancias familiares. En los días de hoy, en que la palabra “derechos humanos” está en la boca o escritos de tantos, en los tiempos de “progreso” que vivimos, presenciamos una marginación toda especial para con ellos. Cuando no los “estacionan” en los últimos momentos de su larga vida en un asilo, sufriendo silenciosamente el drama de la soledad y falta de cariño familiar, los encaminan a la extrema situación opuesta: la eutanasia.

Ante la falta de familia, o del calor familiar, se multiplican hoy las alternativas de acompañamiento en residencias o en su propia casa por enfermeras. Muchos y buenos son los lugares de acogida de congregaciones religiosas, especialmente femeninas.

Pero, como alertaba hace años la asociación española SOS Familia, se comenzaba a propugnar lo opuesto, imponer una mentalidad rumbo a leyes que “libertarán a los ancianos, a las familias y a los Estados, del peso de la vejez. El trabajo de atenderlos, las herencias que llegan antes, los gastos de salud y las pensiones que se economizan” (La familia en peligro, p. 154). Así se comenzaba a proponer –desde la primera mitad del siglo XX– la macabra amenaza de adelantar la muerte.

El don de la vida, inscrito en la propia naturaleza humana, es irrenunciable. Pues, como bien se dice: “nadie elige nacer y nadie puede evitar la muerte”. El Dios de la vida es el Señor que domina la muerte: “Yo doy la muerte y la vida” (Dt 32, 39). Por eso la eutanasia es un homicidio de quien coopera con ella, y un suicidio de parte de quien la solicita. “Se peca contra Dios, cuyo dominio exclusivo sobre la vida del hombre se usurpa. Se peca contra la sociedad, privándola injustamente de uno de sus miembros. Se peca contra sí mismo, pues todo hombre está obligado a amar la propia vida” (La familia en peligro, p. 155).

Así como se pretende eliminar seres humanos con defectos físicos o psicológicos, lo que llaman “eutanasia eugénica”, también está la “eutanasia económica”, aplicada para los que constituyen una carga para la sociedad. Sus partidarios, en su diabólico afán, no dejan de presentar otro argumento, como el del sufrimiento “insoportable” de los últimos días de vida para justificarla.

Claro que se debe evitar, como nos enseña el Catecismo de la Iglesia sobre el llamado “ensañamiento terapéutico” –que son los tratamientos médicos desproporcionados –, los cuales pueden ser interrumpidos, pues, “con esto, no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla” (CIC, 2.278). Si bien que, por otro lado, ante la muerte inminente, importa que la asistencia no puede ser legítimamente interrumpidos pues “los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de caridad desinteresada” (CIC, 2.279).

Valgan estas informaciones frente al método usado habitualmente por los materialistas y ateos de conmover a la opinión pública con casos individuales, totalmente excepcionales. Alegando una falsa compasión, silencian los principios morales. Usan el subterfugio del espejismo de una “dulce muerte” para los “cansados de vivir”. Si hasta lo presentan como un acto de piedad, y la bautizan de “asistencia médica para morir”, su colaboración para tener “una muerte digna”.

La eutanasia etimológicamente significa (del griego): buena (eu), muerte (thanatos). En concreto es: matar deliberadamente a un enfermo incurable para poner fin a su sufrimiento.

Fue Holanda el primer país en legalizar la eutanasia (2000), Bélgica lo acompañó en 2002. Esta onda fue avanzando en países como Dinamarca (retiro de tratamientos), Suecia y Suiza (asistir al suicida), China (a pacientes incurables) , Francia (casos excepcionales). Y así, en un avance procesivo, llegamos a las últimas y radicales aprobaciones de leyes sobre la eutanasia en España (junio, 2021) y Chile (aprobado por unanimidad en Diputados, abril de 2021).

La tradición ha hecho que se confíe en el médico en los momentos de enfermedad o sufrimientos, dada la actitud que tiene que adoptar, ejerciendo excelente servicio a la vida. Es el espíritu del juramento hipocrático.

Para escapar o huir de esta problemática se está empujando el tema hacia la “última voluntad”, es decir, que el propio paciente disponga de su vida, acercándose a lo que llaman de “suicidio asistido”, quedando en medio del suicidio y la eutanasia. El paciente elige (ya hay píldoras letales a disposición en Holanda y otros lugares), el médico daría las instrucciones como asistente, respetando la voluntad del enfermo. ¡Vaya sensibilidad moderna!, que incita a la muerte a los más débiles.

Proponen el “testamento vital”, en el cual la persona indica cómo quiere ser tratado, para deslindar responsabilidades del crimen que se ejecutará. Podemos preguntar ante el riesgo de “ser suicidado”: ¿será real el testamento?, dado que puede el enfermo estar deprimido o desalentado, no teniendo en torno de sí amor o calor humano y sobrenatural; ¿no habrá por detrás una intención mentirosa para eliminar a los disminuidos física, psicológica o espiritualmente?; ¿aquellos que, en prolongado sufrimiento, su mente perturbada por esta triste situación pueda llevarlos a pedir legítimamente la muerte, haciéndolo de buena fe?

La muerte no tiene vuelta atrás. En el mundo paganizado que vivimos, que perdió la certeza de la inmortalidad futura y la esperanza de la resurrección prometida, si no se proyecta una luz nueva sobre el sufrimiento y la muerte, no se tendrá la fuerza extraordinaria para confiar en los designios de Dios.

Digan lo que digan, es inadmisible asesinar a un pobre enfermo. La eutanasia sigue siendo –en el decir de San Juan Pablo II– un acto intrínsecamente malo: “una grave violación de la ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana” (Evangelium vitae, 65).

Que San Joaquín y Santa Ana, cuya fiesta el 26 de julio celebramos, ayuden a nunca abandonar a los que sufren, a no rendirse nunca, a cuidar y amar para dar esperanza. Que quede claro para todos que provocar la muerte nunca puede ser una referencia para evitar el sufrimiento, que crezca en todo lugar la defensa de la vida y de los cuidados paliativos. Amén.