06Sep/19

LA FAMILIA CATOLICA, SEMILLERO DE VOCACIONES

La Familia Católica,
Semillero De Vocaciones

P. Francisco Teixeira de Araújo, EP

Las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa nacen en la familia auténticamente católica con la misma naturalidad con que los buenos árboles dan hermosas flores y buenos frutos.

        Nadie puede negar el papel fundamental que la familia desempeña en el florecimiento del llamamiento al sacerdocio y a la vida religiosa, ni el hecho de que una de las principales causas de la actual crisis de vocaciones sea el escaso número de matrimonios que rezan junto con sus hijos, enseñándoles la esencial función que la religión ejerce en sus vidas e invitándoles con su propio ejemplo a practicar los Mandamientos.

En las familias donde el padre y la madre, aun diciéndose cristianos, viven como si Dios fuera un ente “con il quale o senza il quale, il mondo va tale quale”1 no surgen vocaciones religiosas. O, peor todavía, nacen y empiezan a florecer, pero enseguida se marchitan al faltarles las condiciones para convertirse en el bello fruto que estaban llamadas a ser.

Así pues, más que en cualquier otra era histórica, la Iglesia tiene una urgente necesidad de familias como la de Macrina la Mayor, para vencer la grave crisis que atraviesa.

Una Familia De Santos, Ya En Los Comienzos De La Iglesia.

Nació Macrina a finales del siglo III en Neocesarea del Ponto (actual Niksar, Turquía), ciudad populosa y próspera, en la cual imperaban la idolatría y los vicios característicos del paganismo. Sin embargo, también flotaban en el ambiente misericordiosos designios de Dios, quien envió allí a San Gregorio el Taumaturgo, un auténtico pastor.

San Basilio y Su Familia Eparquía De Edmonton (Canadá).

Durante cerca de dos décadas, Gregorio predicó el nombre de Jesucristo con tan excelente resultado que, en la víspera de su muerte, informado de que vivían en la ciudad tan sólo catorce paganos, cuentan que elevó al Cielo esta exclamación: “¡Gracias sean dadas a Dios! Cuando llegué aquí no había más que diecisiete cristianos”.

Macrina se convirtió en una ferviente admiradora y discípula suya. Y basándose en las enseñanzas y en el ejemplo recibidos del santo prelado, le transmitió a su hijo Basilio una sólida formación. Éste se casó con una joven tan virtuosa como él y ambos merecieron, por su edificante vida, ser venerados como San Basilio el Anciano y Santa Emelia.

El Señor les concedió diez hijos, y a cuatro de ellos la Iglesia los elevó a la honra de los altares: San Basilio Magno, San Gregorio de Nisa, San Pedro de Sebaste y Santa Macrina la Joven.

Bastaba Mirar A Macrina y Seguir Su Ejemplo.

Los tres varones, principalmente San Basilio Magno, son bastante conocidos. En cambio, de Santa Macrina la Joven poco se sabe; no obstante, ella fue el instrumento más potente que Dios utilizó en la obra de santificación de esa bendecida familia.

Basilio, su padre, era un hombre de apreciable fortuna y notable prestigio; su madre, Emelia, se esmeró en darle una buena formación cultural y, sobre todo, religiosa. No le faltaban pretendientes para un brillante casamiento, pero a los 12 años ella misma eligió el rumbo de su vida: sería esposa de Jesucristo.

Tras el fallecimiento de su padre, secundó a su madre en la educación de sus hermanas y hermanos más pequeños, y cuando ya no necesitaban sus cuidados se estableció en una propiedad de la familia, con un grupo de mujeres deseosas de llevar una vida de perfección.

Su día a día se regía por la estricta observancia de una “Regla” que no precisaba ser escrita, pues se componía de un solo artículo: amar a Dios sobre todas las cosas. ¿Cómo cumplirla? Muy sencillo: bastaba mirar a Macrina e imitar su ejemplo; ella era la Regla viva. Tan irresistible era la fuerza de atracción de la santidad de esta joven que su propia madre decidió unirse a ellas en la vida de recogimiento, contemplación y oraciones.

Más que en cualquier otra era histórica, la Iglesia tiene una urgente necesidad de familias santas para vencer la grave crisis que atraviesa. 

Aspectos del XIV Congreso Internacional de Cooperadores de los Heraldos del Evangelio, realizado en Caieiras (Brasil), del 27 al 29 de julio de 2018.

En Las Familias Católicas Es Donde Brotan Las Vocaciones.

De la contemplación nace el deseo de atraer almas hacia Dios. Como buena maestra de sus hermanos pequeños y adolescentes, Macrina les enseñó a despreciar el mundo, huir de las riquezas, amar la oración y la Palabra de Dios. Y no dejó de seguirlos con vigilante mirada cuando ya eran adultos.

Al respecto, San Gregorio de Nisa nos deja un valioso testimonio: al ver ella como su hermano, el futuro San Basilio Magno, parecía que dudaba entre una brillante carrera y el servicio a Dios, “Macrina lo guio con tal rapidez hacia el objeto de la verdadera filosofía que, apartándose de la que el mundo adora, renunció a la gloria de la elocuencia para consagrarse por completo a una vida pobre y laboriosa”.2

Ese es el verdadero poder que un alma que verdaderamente ama a Dios tiene para persuadir e influenciar: en un momento determinado la vocación de San Basilio Magno, lumbrera de la Santa Iglesia, ¡dependió de la intervención de una humilde virgen!

¿Un Modelo Aún Válido Para Nuestros Días?

Familias ejemplarmente católicas ha habido varias a lo largo de la Historia de la Iglesia. Basta recordar a Santa Teresa del Niño Jesús, cuyos padres han sido canonizados recientemente. También hubo casos como el de San Bernardo de Claraval, que a los 20 años renunció a una prometedora carrera y arrastró consigo al monasterio a su propio padre, a todos sus hermanos y a numerosos amigos.

Pero ¿acaso esos ejemplos continúan válidos en nuestros días?

A juzgar por lo que vemos en gran número de parejas que se dicen cristianas, la respuesta debería ser negativa. Pero recorriendo los patios y los vastos salones en los cuales se desarrolló el XIV Congreso Internacional de Cooperadores de los Heraldos del Evangelio, realizado del 27 al 29 de julio de este año, se percibe un panorama muy distinto.

Entre los más de 1200 participante en el evento se encontraba una mujer, ya viuda, madre de tres hijos sacerdotes heraldos y de una hija religiosa, con votos perpetuos. En otro rincón, un matrimonio que no dudó en dar a la Santa Iglesia a sus seis hijos: dos sacerdotes heraldos y cuatro religiosas, también con votos perpetuos. Más allá, charlando en un animado corrillo, la madre de dos sacerdotes heraldos descubre que una de sus interlocutoras es madre de una religiosa y de un presbítero… Sin hablar del gran número de matrimonios cuyos hijos se preparan para el sacerdocio o cuyas hijas no anhelan más que pronunciar cuanto antes los votos perpetuos.

Ahí está la solución del problema. Cuando los miembros de una familia tratan de ser verdaderamente católicos, surgen y crecen en su seno las vocaciones sacerdotales y religiosas con la misma naturalidad con que en los buenos árboles brotan hermosas flores y buenos frutos.

1 “Con el cual o sin el cual, el mundo va tal cual”.

2 SAN GREGORIO DE NISA, apud ANGELI, Antonio. Basilio di Cesarea. Milano: Àncora, 1968, pp. 31-32.

26Ago/19

IMPORTANCIA DE LA MIRADA

Importancia De La Mirada

Plinio Corrêa de Oliveira

        El hombre no se expresa apenas pronunciando palabras, sino también por el tono de la voz, por la posición del cuello y del tronco, por el movimiento de las manos. Entretanto, lo más importante es la mirada. Aquí está uno de los elementos de la verdadera educación que deberá nacer en el Reino de María, por la acción del Espíritu Santo.

La palabra expresa aquello que la persona quiere decir, mientas que la mirada proporciona lo inefable, lo inexpresable de lo que se está queriendo expresar. Así, hay una cantidad de cosas que la mirada dice y que la palabra no consigue decir.

Obra Prima De Retórica:

Plinio Corrêa de Oliveira

Por ejemplo, un pobre hombre que está necesitando pan; entra en una panadería y le habla al panadero: “¿quiere darme un pan?” La palabra dice: “estoy necesitando un pan, no tengo dinero para pagarle, ¿Ud. quiere dármelo?” Pero la mirada dice una serie de cosas a respecto del propio sujeto; lo que está sintiendo, cómo está sufriendo, como quien afirma: “Mire mi alma, vea la necesidad por la que estoy pasando, mire mi tristeza por esa causa, la humildad con la que se lo estoy pidiendo, y cuanta dureza habría de su parte en rechazarme. ¡Quiérame bien, porque lo estoy necesitando!”. Es lo que dice la mirada.

Por tanto, la mirada trae una cantidad de conocimientos por con naturalidad que acompañan a aquel simple pedido de pan, y son una justificación de ese pedido, y no serviría de nada la palabra, si por ejemplo, fuese dicha detrás de un biombo.

Es curioso, que cada actitud constituye una especie de obra prima de retórica, de la cual la persona no se da cuenta. Es algo confuso, pero es una obra prima: lo poco que el individuo puede dar en materia de retórica, lo presenta así, porque también la voz modula – un poco cantando – lo que los ojos dicen mirando. Y hay inflexiones de voz que dicen más que las meras palabras. Por ejemplo: “¿Ud. querría darme un poco de pan?” Hay mil modos de modular este pedido, de manera que sin que el sujeto lo note, eso sea dicho de tal forma que el tono de voz complete lo que la mirada dice, y que forma parte del lenguaje de la connaturalidad, no del lenguaje del sentido lógico de la palabra.

Dentro de eso, son elementos complementarios la posición del cuello sobre el tronco y la del tronco sobre las piernas. Y la culminación del poder convincente está en la actitud de las manos. Si pidiese con la mano pegada a la espalda, es casi insolente y el pedido se dirige hacia un rechazo.

La curvatura: quien pide, raramente lo hace con el tronco erguido. No levanta la cabeza, ni el cuerpo; se necesita ser un gran jugador para levantar las dos cosas y hacer un pedido. Hay una cierta lógica cuando el sujeto sabe decir: “Vea esta miseria; vea el clamor de la injusticia de que yo no tenga pan: ¡Démelo!”. Conforme las circunstancias, eso puede tener su valor de convicción.

Lo más interesante son las riquezas de la connaturalidad, por donde el hombre no percibe esto, y hace ese juego con mayor o menor éxito.

El Regionalismo Europeo:

Y aquí entra una cuestión compleja: ¿Cómo formar a las personas para eso? ¿Cuál es la medida, el punto exacto para tratar las cosas, a partir de las cuáles se consigue formar sin quitar la autenticidad de los que se está formando? Es decir, civilizar sin sustraer la autenticidad del pueblo a ser civilizado, educar sin hacer del individuo un autómata. Hay algo que estimula la aseitas1 y la orienta, según un movimiento que es de ella; el ideal es extrínseco a ella, pero el tropismo por donde se vuelve hacia el ideal es de ella.

Utilizando un ejemplo del reino vegetal, se trataría de estimular a la planta para tonificar su tropismo, más que a torcerla o estirarla en una determinada dirección. Es un problema muy delicado que incluso se aplica a los pueblos.

Doy un ejemplo: Antes de la Primera Guerra Mundial, ¿qué habría sido posible o conveniente decirle al mundo europeo, a respecto de la cuestión del regionalismo?

Si fijamos la atención en cómo era el mundo europeo de aquella época, en función del movimiento centrípeto nacional que venía tomando cuenta de aquellos Estados cada vez más centralizados, y del movimiento centrifugo regionalista de todas aquellas viejas regiones de Europa que estaban siendo trituradas, ¿qué sería posible decir para dar un golpe en ese centralismo e indicar el punto de equilibrio entre una cosa y otra?

Archiduque Alberto de Austria. Museo Quiñones de León. Vigo, España

Consideremos a un bretón. Según la idea que tengo, un bretón es un francés, pero de un tipo tal como no hay otro, y que debería ir engendrando notas cada vez más características. ¿Cuál es el punto ideal por donde el bretón es suficientemente francés para que haya una Francia verdadera, pero suficientemente bretón para ser un ciudadano de Bretaña?

¡Qué divagación agradable e interesante saldría si pudiésemos lanzar en aquél tiempo un mapa con todos los regionalismos, que son incontables! En España, por ejemplo, tómense las Vascongadas. Yo les garantizo que en las Vascongadas existen particularidades, singularidades, etc. sólo falta que hayan de barrio a barrio dentro de la misma ciudad. Y ¡cuántas diferencias hay entre un granadino y un bilbaíno! Eso se ocultó, de eso no se habló, la literatura no trató de eso; esas diferencias eran tenidas como deformidades que deberían ser rapadas y liquidadas, y sería necesario hacer de Castilla el “monstruo” que deglutió España entera. Así también lo fue Lisboa y toda Europa que estaba pasando por ese proceso. Con la guerra, naturalmente, eso se precipitó mucho más. Y qué cosa magnífica hubiera sido indicar el punto de equilibrio para que fuese la verdadera Europa; que eso que nace de la base continuase creciendo y floreciendo, según modelos locales, pero teniendo algo en común entre sí, que por supuesto competiría al país destilar. Y eso mismo que estoy diciendo es más didáctico que real, porque es demasiado arregladito y bonito para la sociedad orgánica. La sociedad orgánica es menos simple que eso; es más enmarañada, más mezclada que esa realidad que estoy pintando. Y allí está la vida.

Entonces, ¿cómo sería necesario tomar cada uno de esos pueblos, como un director de orquesta, toca aquí, allá, acullá, para que la sinfonía de los regionalismos auténticos se desprendiese de una Europa Verdadera? Es un problema muy bonito. Estaba imaginando, por ejemplo, un archiduque de Austria que escribiese un libro para justificar la monarquía dual, y restregase en la cara de Europa lo siguiente: “Nuestra monarquía es más diferenciada que sus países. Uds. dicen que somos unos tiranos porque aplastamos los países, no permitiendo que se separen los que están bajo nuestra hegemonía. Uds. impidieron los nacimientos; ¡son necrópolis de niños! Coordinar los adultos que supimos conservar libres es mucho más difícil que ser administrador de un cementerio de niños”.

La Esencia De La Amistad Es Metafísica y Sobrenatural:

Dr. Plinio durante una conferencia el 10/10/1992

En lo referente a la mirada, a los gestos, el hombre debe ser educado como esas naciones, en esa correlación entre un tema y otro. Y si un niño tuviese, por ejemplo, una institutriz que afirmase – la que yo tuve me lo dijo varias veces –: “Un hombre educado no gesticula con las manos, y por tanto, tú no eres educado, luego al menos, no digas que no te avisé”. Yo pensé en silencio: “Si no gesticulo, no soy yo mismo. Entonces, prefiero ser un mal educado antes que ser un bien educado pero que no soy enteramente yo mismo. Además, ella misma cuando se deja tomar por determinado tema, también gesticula. Y por lo tanto, esa ‘buena educación’ no sirve, sabré mover mis manos como yo quiero”. Mientras estoy diciendo eso, las muevo.

Tendría mucho miedo de escuelas que dijesen así: “tres palmetas2 en la mano por gesticular”. Entonces, paso todo el tiempo sin gesticular, pero me siento, irremediablemente como si fuese un piano en el que una nota se quebró. Ahí se ve la dificultad de educar.

En el Reino de María, todo eso tiene que nacer por efecto del Espíritu Santo. Bajo ese punto de vista, saber educar, es algo muy delicado.

Por lo tanto, la mirada, no puede ser considerada aisladamente de las otras formas de expresión, pues el cuerpo entero, a veces sin percibirlo, completa su retórica. Sin embargo, las otras expresiones realzan la mirada, pero ésta es el punto maestro por donde todas las cosas hablan. Es decir, todo el resto se ordena en función de la mirada.

Ahora bien, ¿cuál es la relación entre la mirada y la palabra hablada? En un hombre que canta, su laringe es un instrumento musical, pero la mirada es propiamente la partitura de aquello que es cantado. La m irada agrega a la palabra lo que la partitura adiciona a la escritura; no es solamente la mirada, pero la mirada lo es preponderantemente.

Yo encuentro una dificultad en convencer a los demás a este respecto, pero es una verdad que está en el fondo de la cabeza de todo el mundo. Lo que hay de curioso aquí, es lo siguiente: Los hombres, fueron hechos para quererse y amarse unos a otros, pero con un amor metafísico y sobrenatural, que es el único verdadero, mediante el cual, conociéndose profundamente las almas unas a las otras, sintiendo consonancia y armonía, se quieren porque desean cosas en torno a las cuales son consonantes. Es decir, el fondo de la amistad es metafísico y sobrenatural.

Puede haber amistad natural, pero cuando ella existe verdaderamente está construida en torno a principios metafísicos no expresados. Y, por ejemplo, la amistad entre dos individuos que fueron educados juntos, de hecho se explica principalmente porque hubo una consonancia entre ambos.

E involuntariamente, dos mercaderes que están tratando en el mercado, o un hombre en un banco que presenta un cheque y otro le entrega el dinero, por tanto una operación puramente mercantil, sin darse cuenta, cuando se miran, uno busca en la mirada del otro, aquello que se encuentra en todos.

Diafragma De La Máquina De Fotografía:

El punto de partida de toda nuestra sociología está en esto: cuando miramos así, cada uno de nosotros tiene un punto que es metafísico. El sujeto no sabe que es metafísico; a él se le presenta como un sentimiento del alma. Y, realmente, ese punto metafísico produce un cierto sentimiento de alma, pero por detrás de éste sentimiento hay una cosa metafísica en la que se siente un cierto aislamiento, porque toda alma padece por vivir aislada en este punto profundo, y pasa su existencia mirando a los otros y preguntando: “¿Ud. es así? ¿Ud. es quien yo buscaba?”

Es una cosa muy interesante observar dos personas que se ven por primera vez. ¡La vida, para quien sabe observarla, es interesantísima!

Será, por ejemplo, alguien que está atendiendo al público en una de nuestras sedes, y toca el timbre un integrante de la Asociación residente en otro país; los dos nunca se vieron. En la primera mirada ¿qué sucede? Siempre es una búsqueda.

A veces, también la hostilidad nace enseguida, porque hubo un rechazo. La hostilidad proviene del hecho de encontrar lo contrario, y a veces, sucede lo siguiente: el sujeto está particularmente desprevenido y con una esperanza subconsciente de que en el próximo toque de timbre va a encontrar una cosa más afable. Aparece un dinosaurio, y eso puede traducirse en un… “¿Así que usted?”

Pero esa búsqueda es así: hay una apertura análoga a la de un diafragma de máquina fotográfica que cierra y abre, según el sujeto mueve una pieza. En el ojo, la búsqueda es el diafragma que se abre.

Imaginemos un individuo que, al recibir la visita de otro, piensa: “Ese, para mí, forma parte del mundo del anonimato”, y pregunta:

– ¿Ud. qué desea?
El otro responde:
– Vine a cobrar una cuenta.
– Sí. ¿Ud. tiene el recibo?

¡Se acabó! La conversación comenzó con los dos diafragmas abiertos, como todas las conversaciones que inician y terminan tantas veces con los diafragmas cerrados.
En el fondo, todo aquello de lo que hablaba hace poco, la sinfonía de los gestos, del tono de las palabras, de la inclinación, etc., tiene como objetivo ese punto metafísico.
Así, para aquellos que deseamos que tengan con nosotros el diafragma cerrado, porque no hay intercambio posible, en toda nuestra actitud tomamos oposición. Y para aquellos en quienes buscamos alguna cosa, asumimos una actitud diferente.

Los Restos De La Inocencia:

“Vendedora de frutas”. Museo Provincial, Pontevedra, España.

Y no creo, por más increíble que sea en pleno siglo XX, en el puro interés. Las personas pueden de hecho tratarse según un objetivo, pero esa búsqueda, en el fondo, condiciona – si bien no siempre de un modo decisivo – el trato humano de comienzo a fin.

Incluso un egoísta no tiene en vista solo el mero interés. Decidió entregar su vida a un interés, pero en el fondo de su alma tiene enmarañada, sufrida algo a la manera de una zona del alma que recibió un golpe y está comenzando a quedar infectada, gangrenada, el dolor de aquello que querría haber sido y no fue, que deseaba haber hecho y no hizo, y una cierta búsqueda de alguien que sea consonante con él, con lo que él querría haber sido.

El sujeto puede, por el más vil de los movimientos, tomar a una persona con quien él es enteramente consonante y darle un puntapié y decirle: “Si me hago su amigo, dejaré de ser un hombre de interés como yo quiero. Ud. para mí es una tentación. Voy a despedazarte.” Él no da ese puntapié a lo tonto, en vano, porque le acaba doliendo a él.

Y un individuo que orienta toda su vida de acuerdo a sus intereses, y que puede llegar a ser un banquero ideal, de repente hace una locura; es la explosión de aquella zona maltratada, esclavizada y ultrajada del alma, que muchas veces no es el lado malo, la que se subleva, es el lado bueno que sufre; son los restos de inocencia.

(Extraído de conferencia del 5/6/1986)

1) Aseitas: del latín (ens a se). Término usado por la Filosofía escolástica significando el atributo divino fundamental que consiste en existir por Sí mismo (y que posee en sí mismo el principio de su existencia). El Dr. Plinio lo utiliza aquí en sentido analógico, significando características propias de cada pueblo relacionadas con su vocación.

2) Palmeta: instrumento que se usaba en las escuelas para golpear como castigo en la mano de los niños.

13Ago/19

La Asunción

Triunfante Como La Aurora Se Elevó a Los Cielos La Virgen María

A fiesta de la Asunción, que se conmemora el día 15 de agosto, nos convida a meditar sobre a gloria inefable de la Virgen María, al Paraíso de Dios.

Pedro Morazzani Arráiz, EP

Cuanto el hombre se ahonda más en el conocimiento de Dios, más comprende que no conseguirá abarcarlo, tales son las grandezas y los misterios con los cuales se depara.

El Creador, que establece las reglas, se complace en crear magníficas excepciones.

Tres criaturas no podrían ser creadas en grado más excelente, nos enseña la Teología. La primera de ellas es Jesucristo, Hombre Dios: imposible ser más perfecto, nada tendríamos para aumentarle. La segunda, María: “casi divina”, es la expresión utilizada por varios teólogos para referirse a la Madre del Redentor. Y, por fin, la visión beatífica, el Cielo: el premio reservado a los justos no podría ser mejor ni mayor. ¡Es el propio Dios que se da a los Bienaventurados!

¿Por qué murió la Madre de la Vida?

En María Santísima está la plenitud de gracias y de perfecciones posibles a una mera creatura. Según la bella expresión de San Antonino, “Deus reunió todas las aguas y la llamó mar, reunió todas las sus gracias y las llamó María”. Desde toda la eternidad, el decreto divino establecía el singularísimo privilegio de que la Virgen Santísima haya sido concebida libre da mancha original.

Este privilegio que es proprio de Aquella que engendraría en su seno el proprio Dios.

Transcurrida su vida en esta tierra, ¿qué sucedería con nuestra Madre?
Ella, que había dado a luz, alimentado y protegido al Niño Dios, y recibido en sus brazos virginales el cuerpo dilacerado de su Hijo y Redentor, estaba lista para exhalar el último suspiro.

¿Cómo podría pasar por el trance de la muerte aquella Virgen Inmaculada, nunca tocada por la más leve sombra de cualquier falta?

Sin embargo, como el suave declinar del sol en un magnífico atardecer, la Madre de la Vida rendía su alma. ¿Por qué moría María? Habiendo Ella participado de todos los dolores de la Pasión de Jesús, no quiso dejar de pasar por la muerte, para imitar en todo su Dios y Señor.

¿De qué murió María?
Perfectísima era la naturaleza de la Virgen María. En efecto, afirma Tertuliano que “se Dios empleó tanto cuidado al formar el cuerpo de Adán, por la razón de su pensamiento volar hasta Cristo, que debería nascer de él, ¿cuánto mayor cuidado no habrá tenido al formar el cuerpo de María, de la cual debía nascer, no de modo remoto y mediato, sino de modo próximo e inmediato, el Verbo Encarnado?” (1)

Además, escribió Santo Antonino, “la nobleza del cuerpo aumenta y se intensifica en proporción con la mayor nobleza del alma, con la cual está unido y por la cual es informado. Y é racional, pues la materia y la forma son proporcionadas una a la otra. Siendo, por tanto, que el alma de la Virgen fue la más noble, después de la del Redentor, es lógico concluirse que también su cuerpo fue el más noble, después del de su Hijo” (2).

Al alma santísima de María, concebida sin pecado original y llena de gracia desde el primer instante de su existencia, concernía, por tanto, un organismo humano perfectísimo, sin el menor desequilibrio.

En consecuencia de su virginal naturaleza, Nuestra Señora fue inmune a cualquier enfermedad, y jamás estuvo sujeta al quebranto natural del cuerpo causado por la edad.

¿De qué murió, pues, la Madre de Dios?
El término de la existencia terrena de María se debió a la “fuerza del divino amor y al vehemente deseo de contemplación de las cosas celestiales, que consumían su corazón” (3).

¡La Santísima Virgen murió de amor!

Sano Francisco de Sales asía describe ese sublime acontecimiento:

“¡Cuán activo y poderoso (…) es el amor divino! Nada de extraño si os digo que Nuestra Señora de él murió, pues, llevando siempre en su corazón las llagas del Hijo, las padecía sin consumirse, pero finalmente murió por el ímpetu del dolor. Sufría sin morir, entretanto, por fin, murió sin sufrir.

“¡Oh, pasión de amor! ¡Oh, amor de pasión! Si su Hijo estaba en el Cielo su corazón ya no estaba en Ella. Estaba en aquel cuerpo que amaba tanto, hueso de sus huesos, carne de su carne, y al Cielo volaba aquella águila santa. Su corazón, su alma, su vida, todo estaba en el Cielo: ¿por qué había de quedarse aquí en la tierra?

“Finalmente, después de tantos vuelos espirituales, tantos arrebatos y tantos éxtasis, aquel castillo santo de pureza y humildad se rindió al último asalto del amor, después de haber resistido a tantos. El amor la venció, y consigo llevó su beatísima alma” (4).

Esa muerte de María, suave y bendita como un lindo atardecer, la Iglesia designa por el sugestivo nombre de “dormición”, para significar que su cuerpo no sufrió la corrupción.

Llena de gracia y llena de gloria.

¿Cuánto duró la permanencia del purísimo cuerpo de María en el sepulcro?

No lo sabemos. Pero, según la tradición, muy poco tiempo estuvo el alma separada de su cuerpo. Y, en la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, afirma el Papa Pio XII: “Por un privilegio enteramente singular, Ella venció el pecado con su Concepción Inmaculada; y por ese motivo no fue sujeta a la ley de permanecer en la corrupción del sepulcro, ni tuvo que esperar la redención del cuerpo hasta el fin de los tiempos”.

Así, resplandeciente de gloria, el alma santísima de Nuestra Señora reasumió su virginal cuerpo, volviéndolo completamente espiritualizado, luminoso, sutil, ágil e impasible.

Y María — que quiere decir “Señora de Luz” — se elevó en cuerpo y alma al Cielo, en cuanto las incontables legiones de las milicias celestes exclamaban maravilladas al contemplar su Soberana cruzando los umbrales eternos:

“¿Quién es esta que surge triunfante como la aurora, esplendorosa y bella como la luna, refulgente e invencible como un sol que sube en el firmamento y terrible como un ejército en orden de batalla?” (5).


Y se oyó una gran voz que decía:

“E aquí el tabernáculo de Dios” (Ap. 21, 3).

La Hija bien amada del Padre, la Madre virginal del Verbo, la Esposa purísima del Espíritu Santo fue coronada, entonces, por las Tres Divinas Personas para reinar en el universo, por los siglos de los siglos, “a la derecha del Rey” (Sl 44, 10).

El dogma.

La verdad de esta glorificación única y completa de la Santísima Virgen fue definida solemnemente como dogma de Fe por el Papa Pío XII, en el día 1º de noviembre de 1950, con estas bellas palabras:

“Después de haber dirigido a Dios repetidas súplicas, y de haber invocado la luz del Espíritu de la verdad, para la gloria de Dios omnipotente que a la Virgen María concedió su especial benevolencia, para honra de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y triunfador del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de su augusta Madre y para gozo y júbilo de toda la Iglesia, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los Bienaventurados Apóstoles San Pedro y San Pablo y con la Nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos que: La Inmaculada Madre de Dios, la siempre virgen María, terminado el curso de la vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.

1) De resurrectione carnis, c. VII.
2) Cfr. Gabriel Roschini, Instrucciones Maríanas, Ed. Paulinas, São Paulo, p. 202.
3) D. Alastruey, Tratado de la Virgen Santísima, p. 414.
4) São Francisco de Sales, Obras Selectas, B.A.C., p. 480.
5) Cfr. Cant. 6,10.

 

 

12Ago/19

Los 80 Años De Monseñor João Scognamiglio Clá Dias

Los 80 Años De Monseñor João Scognamiglio Clá Dias

El 15 de agosto de 2019, Monseñor João Scognamiglio Clá Dias, fundador de los Heraldos del Evangelio, cumple 80 años. Cuando se llega a esa edad, no se puede evitar lanzar una mirada examinadora hacia el pasado: ¿qué frutos tendrá una existencia tan larga?

Decía el profesor Plinio Corrêa de Oliveira, maestro e inspirador de Mons. João, que en la vida del hombre virtuoso hay que sumar las edades, y no restarlas.

Esto significa que, cuando uno pasa de una etapa a otra de la vida, debe conservar el tesoro que acumuló en la fase anterior. Así, cuando se deja la infancia y se entra en la adolescencia, uno tiene el deber de preservar en su alma el precioso tesoro de la inocencia y conservarlo hasta el final de la vida.

A la inocencia hay que añadir el arrojo y la generosidad de la juventud. Nada de lo que ha quedado atrás se pierde, sino que se suma.

En la longevidad del hombre pleno, que ha gastado su vida por un gran ideal, puede ser que el cuerpo se haya debilitado, pero el alma seguirá más fuerte que nunca, enriquecida por las virtudes y los dones adquiridos en cada etapa. Templada por el sufrimiento, siempre estará dispuesta a nuevas audacias, uniendo
la sabiduría del anciano con la fuerza del joven.

Desde esta perspectiva, la vida de Mons. João se entiende mejor, así como la obra que llevó a cabo al fundar los Heraldos del Evangelio y la familia de instituciones que de ahí surgieron: entre ellas, las más importantes son, sin duda alguna, el ramo sacerdotal denominado Sociedad de Vida Apostólica Virgo Flos Carmeli, y la Sociedad Femenina de Vida Apostólica Regina Virginum.

Monseñor João es un hombre completo y universal, sensible a la acción del Espíritu Santo, que centró su apostolado en los jóvenes, sin olvidar ninguna otra realidad social o eclesial.

Después de haber completado 80 años de vida, ¿cómo sintetizar, en pocas líneas, lo que hizo y, sobre todo, ¿quién es él?

«Sois carta de Cristo» (2Cor 3, 3), nos enseña San Pablo. Parafraseando al Doctor de los Gentiles, se puede decir que Monseñor João es una partitura de Dios, compuesta por el Espíritu Santo y enriquecida por la dulzura de la Virgen María, de la que es un gran devoto.

Hablar de partitura trae a la mente armonía, y la armonía es una buena puerta de entrada para comprender quién es y qué hizo él.

Músico consumado, fundó coros y orquestas y fue el inspirador de otros muchos en todo el mundo. Su talento no es menos brillante como director de almas, como lo demuestra su acción en uno de los momentos más difíciles de su vida…

A finales de la década de 1990, durante la división interna de la TFP —Tradición, Familia, Propiedad—, después de la muerte del profesor Plinio Corrêa de Oliveira, supo armonizar cientos de almas y llevarlas magistralmente a unirse aún más íntimamente con la Santa Iglesia de Cristo.

Mons. João con el Doctor Plinio Corrêa de Oliveira.

Esto no pasó desapercibido para la Sede de Pedro, que en los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI concedió la aprobación pontificia para las tres Obras nacidas de su corazón: los Heraldos del Evangelio, la Sociedad Clerical Virgo Flos Carmeli y la
Sociedad Femenina de Vida Apostólica Regina
Virginum.

También fue galardonado por Benedicto XVI con el título de canónigo honorario de la Basílica Papal de Santa María la Mayor, en Roma, y de Protonotario Apostólico, además de la Medalla Pro Ecclesia et Ponti5ce.

El genio artístico de Monseñor João puede incluso comprobarse en las dos basílicas localizadas en la región del Gran São Paulo, cuyos estilos inspiró y guió hasta en los más pequeños detalles, y en más de una docena de edificios e iglesias repartidas en varios países.

Doctor en Teología y Derecho Canónico, su legado intelectual especulativo y práctico puede conocerse por los libros y artículos publicados, por las revistas que creó, sin olvidar los numerosos centros de enseñanza primaria y secundaria, además de un Instituto Superior de Ciencias Religiosas, un Instituto Filosófico y otro Teológico.

Monseñor Jõao es el intérprete más autorizado y del pensamiento de aquel insigne pensador y líder católico, como lo demuestran las páginas de los cinco volúmenes de la colección El don de la sabiduría en la mente, vida y obra de Plinio Corrêa de Oliveira.

Escribió la biografía de la madre de su inspirador, Doña Lucilia, en cuyo prefacio el teólogo dominico Fray Antonio Royo Marín, sin pretensión de adelantarse al juicio de la
Iglesia, afirmó «que puede parangonarse con las mejores “Vidas de Santos”».


Doña Lucilia.

Su ardiente devoción a la Virgen «se respira»
en los libros y artículos que escribió sobre Ella, sin oscurecer la sólida Cristología de su colección Lo inédito sobre los Evangelios, de siete volúmenes.

Evangelizador carismático, predicador ardiente, supo atraer a los jóvenes al servicio de la Santa Iglesia, sin descuidar la santificación de la sociedad temporal mediante la creación del sector de los Cooperadores de los Heraldos del Evangelio.

Su deseo de conquistar el mundo para Cristo y su Iglesia le llevó a crear la Caballería de María y otros grupos misioneros que van por todas partes anunciando y propagando el Evangelio del Reino.

Atento a los más necesitados, ha alentado la creación del Fondo Misericordia, uniendo esfuerzos con los héroes de la caridad cristiana, para dar alimento y bebida, para visitar a los enfermos y encarcelados, para vestir a los desnudos y acoger a los desamparados.

Tantas obras sólo nacen del corazón de aquellos que rezan y saben sufrir. Gracias a su espíritu de oración, Monseñor João estableció capillas para la adoración perpetua del Santísimo Sacramento.

Es allí donde obtiene la fuerza para poder llevar con resignación y esperanza cristiana los sufrimientos y las cruces que la Divina Providencia le envía, y que ofrece con alegría por la expansión de este apostolado por todo el mundo.

¿Qué más se podría decir?

El espíritu disciplinado y fuerte de un caballero cristiano vive en armoniosa consonancia con un corazón paterno y afable. En cierta ocasión, Mons. João se dirigió a un joven diácono que poco le faltaba para ordenarse sacerdote, y le recordó un episodio de la vida de Don Bosco, cuando el santo fundador cogió un pañuelo, lo apretó y le dijo al joven Miguel Rúa, poco antes de su ordenación, que así de dócil era como lo quería en sus manos.

Pero conociendo las debilidades de los hijos que la Providencia le contó, Monseñor optaba por algo diferente: primero planchar el pañuelo arrugado, luego doblarlo, perfumarlo y, finalmente, decir al joven ordenando: «¡Así es como lo quiero en manos de la Virgen!».

Monseñor João también experimentó el cumplimiento de las misteriosas palabras del Evangelio: «Seréis odiados por todos a causa de mi nombre» (Mt 10, 22), pero gracias a su unión con el Señor Jesús, siempre supo perdonar de corazón: «El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo» (Col 3,
13).

Por último, surge una pregunta: ¿Cómo es posible hacer tanto en tan poco tiempo?

El secreto de una vida fecunda está en la oración, en el sufrimiento y en la vida interior. Por eso, se puede decir que Monseñor João, a los 80 años, ha alcanzado un punto
culminante al vivir la suma de las edades que le permite tener la actividad de un joven sumada a la prudencia y sabiduría de un varón que ha llegado a una gran edad, dones que, como fundador, transmite a toda su obra.

Esto explica el crecimiento de los Heraldos del Evangelio.

Pero ¿qué puede venir todavía por delante?

Con la protección y el amparo de la Santísima Virgen, y a pesar de tantos obstáculos a lo largo del camino, todo puede esperarse, todo puede emprenderse audazmente, nada debe ser temido, excepto el pecado. La Virgen Santísima llevará a buen puerto esta obra que nació de sus manos virginales.

Por lo demás, sin que sea una precipitación o temeridad, puede decirse: Monseñor João está empezando…
P. Alex Brito, EP

16Jul/19

EL MAS FAMOSO DE LOS NAUFRAGIOS

El Más Famoso De Los Naufragios

P. Fernando Néstor Gioia Otero, EP

Habiendo transcurrido 107 años de la tragedia, el naufragio del Titanic pone en evidencia un peligroso estado de espíritu frecuente también en nuestros días: juzgar “insumergibles” las obras de los hombres.

        En la madrugada del 14 al 15 de abril de 1912 hacía su viaje inaugural el mayor y más lujoso de los transatlánticos construidos hasta entonces. Con unos 270 metros de largo (eslora) y 30 de ancho (manga), llevaba a bordo a cerca de 2200 personas, entre pasajeros y tripulación. Sin embargo, nunca llegó a alcanzar su destino. El choque contra un enorme iceberg hizo que se hundiera en menos de tres horas. Se calcula que hubo más de 1500 muertos.

        El naufragio del Titanic acabó siendo el más famoso de la Historia. Libros, filmes y canciones recordaron ese trágico acontecimiento, al mismo tiempo triste y lleno de enseñanzas. Museos y exposiciones presentan a los visitantes objetos recuperados después de 1985, cuando fue localizado a casi 4000 metros de profundidad. Un largometraje basado en su historia obtuvo uno de los mayores éxitos de taquilla de todos los tiempos.

        Ya han transcurrido 105 años, pero la gran catástrofe no ha caído en el olvido, y el recuerdo de lo sucedido proporciona valiosas lecciones con respecto al estado de espíritu frecuente en nuestros días: juzgar “inhundible” lo que, más tarde, termina hundiéndose.

        Rememoremos, con ese propósito, algunos aspectos de dicha tragedia.
 
¿Era Realmente Un Barco Insumergible?

        Cuando el Titanic realizó su viaje inaugural, Europa vivía una época de despreocupación, placer y alegría. Al tratarse de tan prestigiosa embarcación, entre los pasajeros de primera clase se encontraban miembros de la nobleza, artistas de varios países y riquísimos empresarios. En los camarotes, salones y restaurantes, tenían a su disposición todo lo que podía haber de más suntuoso. El barco contaba también con salas de juego, baños turcos, gimnasio e incluso una pista de squash.

        ¿Habría sido dado al imponente transatlántico el blasfemo lema de Ni Dios lo hunde? La mayoría de los historiadores lo niega, no falta quien lo afirme, pero, como se verá más adelante, todo ocurrió como si fuera considerado de hecho insumergible.

        El mismo día de la colisión con el iceberg estaba previsto llevar a cabo un simulacro de emergencia, pero fue cancelado, tal vez por el optimismo del capitán. El incendio de uno de los depósitos de carbón, que empezó antes de la salida de Southampton, no parece que preocupara excesivamente a los tripulantes, y los mensajes de alerta sobre el peligroso estado del mar que comenzaron a llegar a partir del día 12 no lograron influenciar en la navegación.
 
Ignorados Todos Los Mensajes De Alerta.

        En el atardecer del día 14 el cielo estaba sereno y el mar tranquilo. La orquesta tocaba en una atmósfera de fiesta y despreocupación. El más completo optimismo reinaba en el Café Parisino y en los demás ambientes del gigantesco buque.

        Mientras tanto, el Californian, que navegaba en las proximidades del Titanic, telegrafiaba nuevas señales de alerta: “icebergs en el mar”. Nadie le dio importancia. Más tarde otro barco advertía: “bloques de hielo desplazándose”. El oficial de turno transmitió el mensaje al comandante, el cual se lo llevó al director de la empresa de navegación, que andaba paseando con dos damas por la cubierta, pero cuando recibió el aviso siguió su camino.

        A la hora de la cena, los restaurantes estaban repletos. Entretanto llegaron tres mensajes más que avisaban de la proximidad de grandes icebergs. A las 22 h el capitán se retiró para iniciar el tranquilo sueño de quien considera imposible que su barco se pudiera hundir. Poco a poco los pasajeros se fueron recogiendo y las luces de salones y camarotes, apagándose. Mientras, los bloques de hielo se iban acercando.

A las 23:40 h el vigía de la cofa vio delante del barco al fatal iceberg e hizo sonar las alarmas. El oficial de turno dio las órdenes necesarias para evitar la colisión, pero… ya era demasiado tarde. El choque produjo un agujero de 90 metros en la parte derecha de la embarcación, por donde entraba agua en cantidades incontrolables. El Titanic se detuvo bruscamente. Mientras varios tripulantes percibían que la herida era mortal numerosos pasajeros, unos jugando, otros fumando, sintieron el golpe y vieron la inmensa masa de hielo, pero continuaron tranquilos.
 
¡El Titanic No Puede Hundirse!

        Algunos pasajeros salieron de sus camarotes curiosos por saber qué estaba pasando, varios ya con los pies mojados. Aún así, no se estaban dando cuenta de que el barco se hundía. ¿Por qué? Sencillamente porque… el Titanic era inhundible. Después de todo, ¿cómo iba a sufrir un naufragio un barco de aquel porte, en una noche calma y hermosa como aquella? Esa era la mentalidad de los pasajeros, reflejo de la mentalidad de la época.1

        Cuando la gravedad de los daños se hizo evidente, los telegrafistas empezaron a enviar llamadas de socorro, en tanto la tripulación preparaba los botes salvavidas. Los pasajeros no sabían cómo actuar en una emergencia de ese tipo. Se diría que esas barcas habían sido colocadas sólo a efectos decorativos…

        Cuando el buque comenzó a inclinarse, algunos pasajeros entraron en pánico, otros seguían divirtiéndose. La orquesta se trasladó a la cubierta, donde los acordes de su música se mezclaban con los gritos de las órdenes de que la gente entrara en los botes de salvamento.

        La mayoría de éstos se alejaba sin completar su capacidad. Uno que tenía espacio para sesenta y cinco personas sólo llevaba a veintiocho. A pesar de las evidencias en contrario, en la mente de muchos se mantenía fija una idea: el Titanic no puede hundirse.
 
Habían Construido Su Casa Sobre Arena.

        A la 1:20 h del día 15, el pánico se había extendido. El agua continuaba subiendo, pero la orquesta no dejaba de tocar. Poco después de las 2 h los hombres empezaron a lanzarse al mar, tomados por la desesperación. Veinte minutos más tarde, el mayor transatlántico del mundo desaparecía en el océano.

        Algunos centenares de pasajeros y tripulantes perecieron sepultados en el interior del casco; otros fallecieron por hipotermia en las heladas aguas del Atlántico, a unos grados bajo cero. Únicamente setecientas personas, menos de la tercera parte de los que iban a bordo, lograron salvar su vida.

        El optimismo y el espíritu laicista de la Belle Époque los había embaucado. La confianza de aquellas personas estaba depositada en la fuerza y la pericia de los técnicos. Sus oídos se habían cerrado a la virtud de la prudencia. Quisieron dejar a un lado a Aquel que mide el mar con el cuenco de sus manos y a palmos el cielo (cf. Is 40, 12). En suma, fueron insensatas, construyeron su casa sobre arena (cf. Mt 7, 26).

        A los 107 años del naufragio del Titanic, no seamos como aquella gente. Tengamos una actitud diametralmente opuesta, de vigilancia, humildad y prudencia. Oigamos la Palabra de Dios, procuremos ponerla en práctica y así, por muy fuertes que sean las lluvias y los vientos, nuestra casa no se derrumbará. Estará edificada sobre la roca (cf. Mt 7, 24-25).

        1 – El sitio historyonthenet.com posee un interesante artículo dedicado a mostrar que en 1912 el común de las personas creía realmente que el Titanic era inhundible. Y, según el The New York Times del 16 de abril de 1912, el vicepresidente de la White Star Line, Philip A. S. Franklin, participaba de esa creencia. Al día siguiente del naufragio, declaró: “Pensaba que era insumergible. Y me he basado en la opinión del mejor asesoramiento de expertos. No entiendo qué pasó”.

13Jul/19

EL ESCAPULARIO DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

El Escapulario de Nuestra Señora del Carmen
– Antonio Queiroz, Redacción Gaudium Press –

De entre todos los “negocios” de los cuales nos ocupamos en esta vida, hay uno de tan gran importancia que debe ser tratado con absoluta prioridad, bajo pena de fracasar en todos los otros: ¡nuestra salvación eterna!

Cierto día, un reportero amigo resolvió hacer en varias ciudades una encuesta sobre este asunto. Recorriendo las calles, preguntaba a los transeúntes: “¿Usted quiere ir al Cielo o al Infierno?” Impactadas, las personas respondían, casi sin reflexionar: “¡Claro que quiero ir al Cielo!” Y seguían adelante… A algunos, nuestro reportero conseguía retener por un instante más y hacer la segunda pregunta: “¿Cuáles son los medios que usted emplea para alcanzar tan gran felicidad?”

Resultado de la encuesta: 100% quieren ir al Cielo. Sin embargo, ¡menos de 1% se preocupa sobre cómo hacer para llegar allá!

Son abundantes esos medios. Vamos aquí indicar uno de los más eficaces, que la Madre de Misericordia pone a disposición de todos, sin ninguna excepción. Quien se juzgue indigno, por ser gran pecador, recuerde lo que dijo Jesús: “Yo no vine a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Lc 5, 32).

Se trata del uso del Escapulario del Carmen, recomendado por varios Papas y Santos. Unode estos, San Claudio de La Colombière, afirma: “No basta decir que el Escapulario es una señal de salvación. Yo sustento que no hay otro que haga tan segura nuestra predestinación”.

Los Grandes Privilegios del Escapulario.

En el momento en que la Orden del Carmen se veía amenazada de extinción, Nuestra Señora aparece a San Simón Stock y le entrega el escapulario, vestimenta de sus siervos, rico en privilegios espirituales y promesas de florecimiento de la Orden fundada por Santo Elías.

 

 

 

El día 16 de julio de 1251, San Simón Stock suplicaba a Nuestra Señora ayuda para resolver un problema de la Orden Carmelita, de la cual era el Prior General. Mientras rezaba, la Virgen se le apareció, trayendo el Escapulario en sus manos, y dijo estas confortadoras palabras: “Hijo dilectísimo, recibe el Escapulario de tu Orden, señal especial de mi amistad fraterna, privilegio para ti y todos los carmelitas. Aquellos que mueran con este Escapulario no padecerán el fuego del Infierno. Es señal de salvación, amparo y protección en los peligros y alianza de paz para siempre”. La Iglesia asumió el Escapulario e hizo de él una de las devociones más difundidas entre el pueblo de Dios.

En nuestra época de supersticiones, no es superfluo aclarar que el Escapulario está lejos de ser una señal “mágica” de salvación. No es una especie de amuleto cuyo uso nos dispensa de las exigencias de la vida cristiana. No basta, por tanto, cargarlo al cuello y decir: “¡Estoy salvado!”

Es verdad que Nuestra Señora no puso ninguna condición al hacer su promesa. Simplemente afirma: “Quien muera con el Escapulario no padecerá el fuego del infierno”. No obstante, para beneficiarse de este privilegio, es preciso usar el Escapulario con recta intención. En este caso, si en la hora de la muerte la persona está en estado de pecado, Nuestra Señora providenciará, de alguna forma, que ella se arrepienta y reciba los sacramentos. ¡Y en esto la misericordia de la Madre de Dios se muestra verdaderamente insondable!.

Muchos Ejemplos Certifican de Modo Elocuente esta Verdad.

Una mujer muere aplastada, pero es asistida por un obispo:
Viajando en automóvil en compañía de un obispo, el autor de este artículo vio a una mujer entrar distraída en la carretera y ser aplastada por un enorme camión cuyo chofer no tuvo tiempo de frenar. El obispo mandó parar el automóvil, descendió rápidamente, dio la absolución sacramental y administró la unción de los enfermos a la mujer agonizante. Después comentó conmovido: “Ella estaba con el Escapulario del Carmen. Seguramente fue Nuestra Señora quien providenció que un obispo estuviese pasando por aquí, ¡justo en este momento!”

Privilegio Sabatino.

Un caso diferente -narrado por Mons. Marcos Barbosa en la obra “El Escapulario de Nuestra Señora del Carmen”- pasó en Inglaterra. En la hora de la muerte, un caballero conocido por su gran impiedad, en vez de pedir a Dios perdón de sus pecados, blasfemaba diciendo: “¡Quiero el infierno y el diablo!” Los presentes, horrorizados, llamaron a San Simón Stock, el cual tomó el Escapulario y lo extendió sobre el blasfemador. Inmediatamente éste se arrepintió y pidió los sacramentos. Según antigua y piadosa tradición, la Santísima Virgen, apareciendo al Papa Juan XXII, prometió librar del Purgatorio, en el primer sábado después de la muerte, a todos los que porten devotamente el Escapulario. Este es el llamado “privilegio sabatino”. Para beneficiarse de él es preciso mantener la castidad según el propio estado, recitar el Pequeño Oficio de la Inmaculada o rezar un rosario todos los días.

Y más: cada vez que el devoto bese el Escapulario con piedad, haciendo un pedido a la Santísima Virgen, recibe una indulgencia parcial, esto es, la remisión de una parte de las penas que debía cumplir en el Purgatorio.

Quien usa el Escapulario puede beneficiarse también de indulgencia plenaria (remisión de todas las penas del Purgatorio) en el día en que lo recibe, en la fiesta de Nuestra Señora del Carmen, 16 de julio; de Santo Elías, 20 de julio; Santa Teresita, 1º de octubre; de los santos carmelitas, 14 de noviembre; San Juan de la Cruz, 14 de diciembre; San Simón Stock, 16 de mayo.

Protección en los Peligros de la Vida Cotidiana.

Nuestra Señora, la mejor de todas las madres, quiere para sus devotos hijos no solamente los beneficios espirituales, sino también los temporales. Así, quien porta su Escapulario recibe de Ella una protección especial en los peligros de la vida cotidiana.

Son innumerables los ejemplos de ese desvelo de la Virgen Madre por sus hijos. Mons. Marcos Barbosa, en la obra mencionada arriba, narra dos bien interesantes.

En Santo André, Brasil, una niña de 5 años cayó dentro de un pozo de 20 metros de profundidad. Una hora después, fue encontrada flotando sobre el agua, con el Escapulario en el cuello. La familia, naturalmente, atribuyó el hecho a la protección de la Madre del Carmelo.

En San Pablo, un joven de 15 años, al atravesar en bicicleta una vía férrea, fue golpeado por el tren. Pasado todo el tren, él se levantó ileso y, besando conmovido su Escapulario, exclamaba: “Solo tuve tiempo de gritar: ‘¡Nuestra Señora del Carmen!’ ¡Fue el escapulario de Ella que me salvó!”

Señal de alianza con Nuestra Señora.

El Escapulario es una señal de alianza con Nuestra Señora, y expresa nuestra consagración a Ella. Su uso es un poderoso medio de enfervorizar a los que viven en estado de gracia y de convertir los pecadores.

Dios no deja sin recompensa ningún beneficio hecho a una persona necesitada, incluso un simple pedazo de pan dado a un indigente. Imagine, pues, ¡cómo Él recompensará a quien ayude en la salvación de un alma!.

Sea, por tanto, usted también, ¡un ardoroso propagador del santo Escapulario! Nuestra Señora le retribuirá con toda especie de gracias y favores ya en esta tierra; y más todavía en el Cielo.

Cómo recibir y usar el Escapulario.

1 – Cualquier padre tiene poder para bendecir e imponer en la persona el Escapulario.

2 – Esa bendición e imposición valen para toda la vida, por tanto, basta recibirlo una vez.

3 – Cuando el Escapulario se desgaste, basta substituirlo por uno nuevo.

4 – Incluso cuando alguien tiene la infelicidad de dejar de usarlo durante algún tiempo, puede simplemente retomar su uso, no es necesaria otra bendición.

5 – Una vez recibido, él debe ser usado siempre, de preferencia en el cuello, en todas las ocasiones, incluso cuando la persona duerme.

6 – En casos de necesidad extrema, como enfermos en hospitales, si el Escapulario le es retirado, el fiel no pierde los beneficios de la promesa de Nuestra Señora.

7 – En casos de peligro de muerte, hasta un laico puede imponer el Escapulario. Basta recitar una oración a Nuestra Señora y colocar en la persona un escapulario ya bendecido por algún sacerdote.

8 – El Papa San Pío X autorizó substituir el Escapulario por una medalla que tenga de un lado el Sagrado Corazón de Jesús y del otro una imagen de Nuestra Señora. Pero la recepción debe ser hecha con el escapulario de tejido.

Oración a Nuestra Señora del Carmen.

Oh Virgen del Carmen y madre amorosa de todos los fieles, pero especialmente de los que visten vuestro sagrado Escapulario, en cuyo número tengo la dicha de ser incluido, interceded por mí ante el trono del Altísimo. Obtén que, después de una vida verdaderamente cristiana, expire revestido de este santo hábito, líbrame del fuego del infierno, y conforme prometiste, merezca salir cuanto antes, por vuestra intercesión poderosa, de las llamas del Purgatorio.

Oh Virgen dulcísima, dijisteis que el Escapulario es la defensa en los peligros, señal de vuestro entrañado amor y lazo de alianza sempiterna entre Vos y vuestros hijos. Haced, pues, Madre amorosísima, que él me una perpetuamente a Vos y libre para siempre mi alma del pecado.

En prueba de mi reconocimiento y fidelidad, me ofrezco todo a Vos consagrándote en este día mis ojos, mis oídos, mi boca, mi corazón y todo mi ser. Y porque os pertenezco enteramente, guardadme y defendedme como hijo y servidor vuestro. Amén.

05Jul/19

Misión Mariana En El Cibao (La Vega – Santiago)

Los jóvenes aspirantes a Heraldos del Evangelio acompañaron con mucho entusiasmo la Misión Mariana, visitando numerosos hogares, comunidades, y campitos en diversas ciudades del Cibao, especialmente en La Vega y Santiago.

Esta Misión contó con el valioso apoyo de familias que con mucho fervor acogieron durante esos días a los jóvenes Misioneros quienes atendiendo al llamado de Nuestro Señor ” Id al mundo entero y proclamad el Evangelio” (Mc.16, 15-18) lo hicieron a través del medio que el Salvador dispuso para venir al mundo: Por medio del Inmaculado Corazón de María, su Primera Discípula.

 

27Jun/19

EL GÓTICO y EL CIELO EMPÍREO

         

          Es imposible, en esta tierra de exilio, imaginar las maravillas del Cielo empíreo, reservadas por Dios como premio para los hombres. Porque como dice San Pablo: “Cosas que los ojos no vieron, ni los oídos oyeron, ni el corazón humano imaginó, tales son los bienes que Dios tiene preparados para aquellos que lo aman” (I Cor, 2, 9).

          Sin embargo, algunos santos tuvieron el privilegio de entrever sobrenaturalmente el lugar de felicidad donde se gozan todas las alegrías, tanto espirituales como materiales. San Juan Evangelista, arrebatado por una visión profética, describe en el Apocalipsis esa Jerusalén celeste, con sus cimientos de zafiro y esmeralda, sus paredes y pavimentos de jade y topacio, las puertas de diamantes y perlas y sus columnas de cristal con incrustaciones en oro puro (cf. Ap, 21).

          San Juan Bosco, que visitó el Cielo empíreo en uno de sus místicos “sueños”, así lo presenta a sus jóvenes adultos: “Las columnas de aquellas casas parecían de oro, diamante y cristal, de modo que producían una agradable impresión, saciaban la vista e infundían un gozo extraordinario. Era un espectáculo encantador”. Llama la atención el hecho de que en estas opiniones sea representado el Paraíso Celeste como una hermosa ciudad constituida de espléndidos edificios. No es, sin embargo, una simple metáfora.

          El hombre, en la eternidad, no necesita de viviendas para abrigarse de las inclemencias del tiempo, pero aún le son necesarias habitaciones adecuadas, en la que el cuerpo y el alma se sientan acogidos, y encontrar las condiciones idóneas para la convivencia con sus semejantes. Para cumplir este deseo, Dios provee para los bienaventurados una mansión celestial inimaginable y magnífica, en consonancia con la visión beatífica de que gozan sus almas.

          Ahora, cuando en el Padre Nuestro rezamos “venga a nosotros tu Reino”, pedimos que todo en este mundo —de la naturaleza al arte, de la técnica al pensamiento, de la oración a las formas de gobierno— se aproxime lo máximo posible al patrón de sublimidad que existe en el cielo. En el campo de la arquitectura, esto significa pedir que esas celestiales moradas —realizadas, sin duda, en un estilo sui generis e inédito— puedan ser de alguna manera reflejadas en los edificios de la Tierra. Resplandeciente de luz y orlada de piedras preciosas, la eterna Jerusalén fue el ideal espléndido hacia el cual tendieron los arquitectos medievales, en su afán de construir en este valle de lágrimas algo análogo.

          Por lo tanto, el gótico, con sus ojivas y agujas apuntando hacia lo alto y, sobre todo, con sus vidrieras multicolores y los variados juegos de luces y sombras, da a los hombres un mítico y sobrenatural ambiente, un punto de referencia para, a través de la Fe, contemplar las bellezas que les esperan en la visión beatífica.

          En su Carta a los artistas, el siervo de Dios Juan Pablo II señala que “la fuerza y la sencillez del románico” poco a poco daría paso a “la esbeltez y el esplendor del gótico.” Y a continuación afirma: “Donde el pensamiento teológico realizaba la Summa de Santo Tomás, el arte de las iglesias sometía la materia a la adoración del misterio”.

          Si Dios diera la responsabilidad a los ángeles de levantar grandiosos templos en la Tierra, ¿escogerían un estilo diferente?

13Jun/19

EXCELENCIA DEL ROSARIO EN LAS ORACIONES QUE LO COMPONEN

Extraído de comentarios de San Luis María Grignion de Montfort

La práctica del Santo Rosario ha sido el Cielo quien nos la ha dado, para convertir a los pecadores más empedernidos y a los herejes más obstinados. Dios le ha vinculado la gracia en esta vida y la gloria en la otra.

Divino compendio de la vida de Jesús y de María

          Tened mucho cuidado, por favor, de considerar dicha práctica —como hace el vulgo, e incluso muchos orgullosos eruditos— como algo insignificante y de escasas consecuencias; ella es verdaderamente grande, sublime, divina. Es el Cielo quien nos la ha dado, y la ha dado para convertir a los pecadores más empedernidos y a los herejes más obstinados. Dios le ha vinculado la gracia en esta vida y la gloria en la otra. Los santos la han ejercitado y los Sumos Pontífices la han autorizado.

          ¡Oh! ¡Qué feliz es el sacerdote y director de almas, a quien el Espíritu Santo le ha revelado este secreto desconocido para la mayor parte de los hombres o conocido tan sólo superficialmente! Si de él recibe el conocimiento práctico, lo rezará todos los días y hará que los otros lo recen. Dios y su santa Madre derramarán en su alma gracias en abundancia para que sea un instrumento de su gloria; y en un solo mes dará más fruto con su palabra, aunque sencilla, que los demás predicadores en muchos años.

El que se acerca a Dios, ha de comenzar por creer

          El Credo o Símbolo de los Apóstoles, que se reza al inicio en la cruz del Rosario, al ser un sagrado resumen y compendio de las verdades cristianas, es una oración de un mérito enorme, porque la fe es la base, el fundamento y el principio de todas las virtudes cristianas, de todas las virtudes eternas y de todas las plegarias agradables a Dios. El que se acerca a Dios mediante la oración ha de comenzar por creer; y cuanta más fe tenga, su oración tendrá más fuerza y mérito y más gloria dará a Dios. […]

Quien no reza como el divino Maestro ha enseñado, no es discípulo suyo

          El Padrenuestro u Oración dominical saca su primera excelencia de su autor, que no es un hombre ni un ángel, sino el Rey de los ángeles y de los hombres, Jesucristo. “Convenía —dice San Cipriano— que aquel que venía a darnos la vida de la gracia como Salvador, nos enseñara la manera de orar como celestial Maestro”. La sabiduría de este divino Maestro bien se muestra en el orden, la dulzura, la fuerza y la claridad de esta divina oración; es corta, pero rica en enseñanza, comprensible para los sencillos y llena de misterios para los sabios.

          El Padrenuestro encierra todas nuestras obligaciones para con Dios, los actos de todas las virtudes y las súplicas de todos nuestras necesidades espirituales y corporales. Dice Tertuliano que contiene el compendio del Evangelio. Según Tomás de Kempis, aventaja a todos los deseos de los santos, compendia todas las dulces sentencias de los salmos y de los cánticos. Pide cuanto necesitamos, alaba a Dios de un modo excelente, eleva el alma de la tierra al Cielo y la une estrechamente con Dios.

          San Agustín afirma que el Padrenuestro bien rezado borra los pecados veniales. El justo cae siete veces por día. La Oración dominical contiene siete peticiones por las cuales puede remediar esas caídas y fortificarse contra sus enemigos. Es corta y fácil para que nosotros, como somos frágiles y estamos sujetos a muchas miserias, recibamos un auxilio más rápido, al rezarla con más frecuencia y más devotamente. […]

La Salutación angélica es un compendio de la mariología

          Tan sublime, tan elevada, es la Salutación angélica que el Beato Alano de la Roche ha creído que ninguna criatura puede comprenderla; que sólo Jesucristo, nacido de la Virgen María, es quien puede explicarla. Su excelencia deriva: principalmente de la Santísima Virgen, a quien fue dirigida; de la Encarnación del Verbo, para la cual fue traída del Cielo; y del arcángel Gabriel, que fue el primero que la pronunció.
La Salutación angélica resume, en la más concisa síntesis, toda la teología cristiana sobre la Santísima Virgen. En ella encontramos una alabanza y una invocación. La alabanza encierra todo cuanto constituye la verdadera grandeza de María; la invocación contiene todo cuanto debemos pedirle y podemos esperar de su bondad.

          La Santísima Trinidad reveló la primera parte; Santa Isabel, iluminada por el Espíritu Santo, añadió la segunda; y la Iglesia —en el primer Concilio de Éfeso, realizado en el año 431—, puso la conclusión, tras condenar el error de Nestorio y definir que la Santísima Virgen es verdaderamente Madre de Dios. El Concilio ordenó que se invocase a la Santísima Virgen bajo esa gloriosa cualidad, con estas palabras: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”.

Un rocío celestial y una saeta inflamada

La Anunciación del ángel y la Encarnación del Verbo – Catedral de Notre Dame, París)

          Mi Avemaría, mi Rosario o mi corona, son mi oración y mi piedra de toque más segura para distinguir a los que son conducidos por el espíritu de Dios de los que están bajo la ilusión del espíritu maligno. He conocido almas que parecían volar como águilas, hasta las nubes, por su sublime contemplación; y, no obstante, estaban desdichadamente engañadas por el demonio, y solamente pude descubrir sus ilusiones por el Avemaría y el Rosario, que rechazaban como algo de inferior nivel.

          El Avemaría es un rocío celestial y divino que, cayendo en el alma de un predestinado, le comunica admirable fecundidad para producir toda clase de virtudes; y cuanto más regada está el alma por esta oración, más se vuelve iluminada en su espíritu, abrasada en su corazón y fortificada contra sus enemigos. El Avemaría es una saeta penetrante e inflamada, que, siendo unida por un predicador a la palabra de Dios que anuncia, le da fuerza para atravesar y convertir los corazones más empedernidos, aun cuando no tenga un extraordinario talento natural para la predicación.

          Esa fue la saeta secreta que la Santísima Virgen enseñó a Santo Domingo y al Beato Alano para convertir a los herejes y a los pecadores. De aquí procede, según afirma San Antonino, la costumbre de que los predicadores recen un Avemaría al principio de sus predicaciones. […]

        ¿Quién no admirará la excelencia del Santo Rosario, compuesto por dos divinas partes: la Oración dominical y la Salutación angélica? ¿Hay oración más grata a Dios y a la Santísima Virgen, más fácil, más dulce y más saludable para los hombres? Tengámoslas siempre en el corazón y en la boca para honrar a la Santísima Trinidad, a Jesucristo nuestro Salvador y a su Santísima Madre.

27May/19

LAS APARICIONES DE FÁTIMA

– Mensaje de advertencia y anuncio de la victoria-

Parte 2
Por P. Alex Barbosa de Brito, EP

Anuncio del Reino de María

Una parte esencial del mensaje de Fátima lo transmitió la Virgen Santísima ya durante la    primera aparición, al presentarse con las manos juntas y llevando un rosario. Era un gesto que reforzaba, con mudo y elocuente incentivo, la exhortación repetida en todas las apariciones: “Rezad el Rosario todos los días”. También insistía en que se le tuviera devoción a Ella, por voluntad de Dios: “Él quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”.
Además de esta invitación, cabe destacar en el mensaje de Fátima dos ideas primordiales, la primera de ellas es: Dios está muy ofendido por los pecados que van acumulándose día a día. Si no dejan de ser cometidos, el mundo sufrirá un terrible castigo, en el que varias naciones serán aniquiladas.
Con respecto a esto, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira comentó: “Los pecados de la humanidad se han vuelto una carga insoportable en la balanza de la justicia divina. Esa es la causa recóndita de todas las miserias y desórdenes contemporáneos. Los pecados atraen la justa cólera de Dios. Los castigos más terribles amenazan, por tanto, a la humanidad. Para que no sobrevengan es necesario que los hombres se conviertan”.
La segunda idea dominante del mensaje es: “Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará”. Es la más alentadora de las profecías, hecha personalmente por la Reina de los profetas. El uso del verbo triunfar indica una absoluta certeza de la victoria final de la Santa Iglesia, alcanzada de una manera esplendorosa y aplastante. En otras palabras, Fátima anuncia la instauración del Reino de María previsto por San Luis Grignion de Montfort y varios santos más.

El maternal mensaje fue rechazado

   Un enorme error sería el juzgar que, en Fátima, la Santísima Virgen hablara únicamente para los hombres de aquellos inicios de siglo. Más que a ellos, sus proféticas palabras iban dirigidas a nosotros, en este tercer milenio. “Parecen que han sido dichas para nuestros días, para nuestra patria, para cada uno de nosotros, para ti, lector…”.

    Cien años han transcurrido y, mientras las décadas se sucedían unas a otras, el género humano se ha ido hundiendo irremediablemente en los pecados más abominables, de tal modo que hoy día sólo una cosa puede causarnos sorpresa: la tardanza del desencadenamiento del castigo purificador anunciado por la Madre de Misericordia.

    La maternal advertencia que nos hizo la Virgen de las vírgenes en 1917, en Cova da Iria, ha sido, pues, brutalmente rechazada por la humanidad.

Ella misma nos prepara para los acontecimientos

    Comentamos al principio de este artículo que la Santísima Virgen envió a la tierra al Ángel Custodio de Portugal con la incumbencia de preparar a los pastorcitos de Fátima para sus apariciones, las cuales, a su vez, preparan a los hombres para la venida del premio y del castigo.

Si, como bien observa Mons. João Scognamiglio Clá Dias, “cuanto más importante es el acontecimiento previsto, mayor es la grandeza de los signos que lo preceden, la autoridad de los profetas que lo anuncian y el tiempo de espera”, entonces se comprende que, después de enviar al ángel con el objetivo de preparar a tres inocentes niños para sus apariciones en Fátima, haya querido venir personalmente a fin de prepararnos para los grandiosos acontecimientos profetizados por Ella misma.

Asimismo, entusiasta del mensaje de Fátima y profundo conocedor de la Historia, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira comenta: “El Imperio romano de Occidente terminó con una catástrofe iluminada y analizada por el genio de un gran doctor, que fue San Agustín. El ocaso de la Edad Media fue previsto por un gran profeta, San Vicente Ferrer. La Revolución francesa, que marca el final de la Edad Moderna, fue prevista por otro gran profeta que al mismo tiempo fue un gran doctor, San Luis María Grignion de Montfort. La Edad Contemporánea, que parece estar en la inminencia de acabar con una nueva crisis, tiene un privilegio mayor. Vino la propia Virgen María a hablarles a los hombres”.

Existe, no obstante, una gran diferencia entre esos profetas del Nuevo Testamento y la Celestial Mensajera de Cova da Iria. “San Agustín no pudo más que explicarle a la posteridad las causas de la tragedia que presenciaba. San Vicente Ferrer y San Luis Grignion de Montfort intentaron en vano desviar la tormenta: los hombres no quisieron escucharles. La Virgen explica a la vez los motivos de la crisis e indica su remedio, profetizando la catástrofe si los hombres no la escuchan. Desde cualquier punto de vista, tanto por la naturaleza del contenido como por la dignidad de quien las hace, las revelaciones de Fátima superan, pues, todo cuanto la Providencia ha dicho a los hombres en la inminencia de las grandes borrascas de la Historia”.

Por consiguiente, se trata de dos preparaciones. La primera, hecha por un alto príncipe de la corte celestial; la segunda, por la propia Madre de Dios. La primera recibió de los videntes de Fátima una excelente acogida; a la segunda, la humanidad ha respondido hasta ahora con un terrible rechazo a los maternales llamamientos y advertencias de la Santísima Virgen…

Y nosotros, ¿cómo celebraremos el próximo centenario de las apariciones? ¿No estaremos recibiendo todavía una oportunidad para acogerlas bien? Dirijamos nuestros corazones a María y atendamos efectivamente a su llamada a la conversión y al cambio de vida, para que podamos, pasada la tormenta, contemplar el triunfo de su Inmaculado Corazón.

17May/19

LAS APARICIONES DE FÁTIMA

– Mensaje De Advertencia y Anuncio De La Victoria –

Parte 1
Por P. Alex Barbosa de Brito, EP.

En la primavera de 1916, Lucía, Francisco y Jacinta llevaban una tranquila vida de pastorcitos, en la pequeña aldea de Aljustrel, hasta entonces prácticamente desconocida, incluso por los portugueses. Lucía, la mayor, aún no había cumplido los 10 años. Se complació la Divina Providencia en elegir a estos inocentes niños para hacerles un encargo de enorme importancia y repercusión a nivel mundial.

Un celestial mensajero.

Ahora bien, cuando Dios llama a alguien para realizar una misión especial, no sólo le proporciona a esa persona los dones naturales y sobrenaturales adecuados para ella, sino que la prepara con antelación, bien haciendo resonar la voz de la gracia en lo más íntimo de su alma, bien por medio de un mensajero empíreo.

       En el caso de los videntes de Fátima, la Soberana del Cielo y de la tierra quiso que un príncipe de la corte celestial viniera a prepararlos. ¿Quién era él?

       El reino luso, destinado a cruzar los mares y abrir continentes enteros para la propagación de la fe, todavía no había terminado de nacer y Dios ya le había designado un ángel para que lo amparase. Con motivo de su Bautismo, en 1109, Don Alfonso Enríquez, primer rey de Portugal, fue consagrado a él; y con el transcurso de los siglos la devoción popular al Ángel Protector de los Portugueses iba estableciéndose. En 1504, el Papa León X oficializó su culto al instituir la fiesta del Ángel Custodio del Reino.

       Éste ángel fue el escogido por la Madre de Dios para preparar a los pastorcitos de Fátima. Y él cumplió su particular incumbencia en tres apariciones sucesivas durante el año de 1916.

Primera aparición: “Soy el Ángel de la Paz”.

En su libro titulado Era una Señora más brillante que el sol, el P. João de Marchi realiza un detallado relato de dichas apariciones, que resumimos en las siguientes líneas.

       En un luminoso día de primavera de aquel año, los niños habían llevado el rebaño a pastar a un lugar llamado Loca do Cabeço. Todo estaba tranquilo. Después de rezar sus oraciones habituales, se pusieron a jugar. Sobresaltados por un fuerte viento que, de repente, empezó a sacudir los árboles, levantaron la mirada y vieron que, sobre el olivar, caminaba hacia ellos un joven resplandeciente como el brillo de un cristal atravesado por los rayos del sol, y que enseguida los tranquilizó diciéndoles: — ¡No temáis! Soy el Ángel de la Paz.

       A continuación se arrodilló, se postró con la frente en tierra y rezó:

      — ¡Dios mío! ¡Yo creo, adoro, espero y os amo! Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.

       Después de pedirles que repitieran esa oración, se levantó y agregó: — Rezad así. Los Corazones de Jesús y María están atentos a la voz de vuestras súplicas.

       Dicho esto, desapareció, dejando a los pastorcitos en un aura sobrenatural tan intensa que casi no se daban cuenta de su propia existencia, y permanecieron largo tiempo repitiendo esa angélica oración. “Al día siguiente, aún sentíamos el espíritu envuelto en esa atmósfera, que sólo muy lentamente fue desapareciendo”, escribiría más tarde sor Lucía.

Segunda aparición: “Soportad el sufrimiento”

Al cabo de un tiempo, ya en verano, reapareció el ángel mientras los tres niños estaban jugando junto a un pozo, en el patio de la casa de Lucía. En esta ocasión les anunció que tenían una importante misión y les instó a que empezaran sin demora: — ¿Qué hacéis? ¡Rezad!

       ¡Rezad mucho! Los Corazones Santísimos de Jesús y María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofrecedle constantemente al Todopoderoso oraciones y sacrificios. — ¿Cómo hemos de sacrificarnos?, preguntó Lucía.

       — De todo lo que podáis, ofreced un sacrificio a Dios, en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido, y una súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra patria la paz. Yo soy el ángel de su custodia, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envíe.

Tercera aparición: “Consolad a vuestro Dios”

 Entre el final del verano y el principio de otoño regresó por última vez el celestial mensajero, trayéndoles un don de infinito valor. Habían terminado los inocentes niños su frugal merienda y, en lugar de empezar a jugar, se fueron a orar a una gruta cercana. Allí, de rodillas y con el rostro en tierra, rezaban la plegaria que les había enseñado el ángel: — ¡Dios mío! ¡Yo creo, adoro, espero y os amo!…

       El resplandor de una luz desconocida les hizo que interrumpieran su oración. Se levantaron y vieron al ángel, el cual sostenía en su mano izquierda un cáliz y sobre él una hostia, de la que caían unas gotas de sangre. Dejando el cáliz y la hostia suspensos en el aire, se postró en tierra junto a los pastorcitos y les hizo repetir tres veces esta oración:

       — Santísima Trinidad, Padre, Hijo, Espíritu Santo, os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores.

        Se levantó a continuación, le dio la Sagrada Forma a Lucía y les presentó el cáliz a Francisco y a Jacinta diciendo: — ¡Tomad y bebed el cuerpo y la sangre de Cristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos! Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios.

       Hecho esto, se postró de nuevo en tierra y rezó con ellos tres veces más la oración: — Santísima Trinidad,…
       Finalmente se retiró y no volvió nunca más.

12May/19

EL MENSAJE DE LA VIRGEN EN FÁTIMA: El Premio y la Advertencia Por P. Fernando N. Gioia, EP

El Mensaje de Fátima es un verdadero divisor de aguas para las mentalidades contemporáneas.

Invita a toda la Iglesia, y al mundo, a un serio examen de conciencia.

Una tranquila y luminosa mañana de domingo, el 13 de mayo de 1917, fue el momento elegido por Dios, para transmitir al mundo, por medio de la Santísima Virgen María, a  tres humildes pastorcitos, un mensaje de gran trascendencia que “sigue resonando con toda su fuerza profética”, en el decir de San Juan Pablo II, invitando a la oración, a la conversión y “reparación de sus propios pecados y los de todo el mundo”  (12-5- 1997).

 

 

 

 

 

 

 

 

Los tres niños, Lucía de 10 años, y sus primos Francisco y Jacinta de 9 y 7 respectivamente, pastoreaban un pequeño rebaño de ovejas en un lugarejo llamado Cova da Iria, en Fátima, Portugal. El mundo asistía en esos momentos a la Primera Guerra Mundial que involucraba a numerosas naciones pero, en este alejado lugar de tan graves acontecimientos, los pastorcitos vivían su vida rutinaria.

De pronto, sobre una encina, se les aparece la Madre de Dios: “era una señora toda  vestida de blanco, más brillante que el sol”, en palabras de Lucía. Su semblante,    agregaba, era de una belleza indescriptible, no era ni triste ni alegre, sino serio, tal vez con un aire de suave censura: “Vengo a pediros que volváis aquí durante seis meses seguidos, los días 13, a la misma hora”. Después les dijo: “rezad el rosario todos  los  días, para alcanzar la paz en el mundo y el fin de la guerra”.

En julio, la tercera aparición, les dice: “La guerra va a terminar. Pero, si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre”. La impiedad avanzaba dominando la      tierra,  en 1939 comenzaba la Segunda Guerra Mundial.

En el año 2000, Juan Pablo II ordenó dar a conocer la parte de esta aparición llamada “el tercer secreto”. Era la “visión” de un “ángel con una espada de fuego en la mano izquierda… señalando la tierra con la mano derecha”, diciendo con fuerte voz: “¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!”

No cabría en un solo artículo el desarrollo completo de las apariciones, pero sí queremos resaltar aspectos que muestran su autenticidad como: la afluencia de gran número de espectadores en el momento de las apariciones, cerciorándose de que los niños no mentían; el prodigio de las transformaciones cromáticas y de los movimientos del sol; el fin de la Primera Guerra profetizado: “la guerra va a terminar”; la luz extraordinaria que iluminó los cielos de Europa antes de la segunda conflagración mundial observada    en varios países: “cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida sabed que es la señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes”.

Fueron así desarrollándose las apariciones hasta el 13 de octubre cuando ocurriera el prodigio – asistido por más de 70 mil personas – del sol aproximarse vertiginosamente sobre ellos y a poco retirarse. “En octubre haré un milagro para que todos crean”, les afirmó la Virgen el mes anterior. Todos estupefactos se miraban; era el milagro pedido  por los niños para confirmar las revelaciones. Al unísono gritaba la multitud: “¡El milagro, los niños tenían razón!”. Fue el llamado: “milagro del sol”.

El Mensaje invita – en el decir del obispo de Leiría-Fátima don Antonio Marto – “a      toda   la Iglesia y al mundo a serio examen de consciencia”, señalando que “después de  las Escrituras, es la denuncia más fuerte e impresionante del pecado del mundo” (5-2- 2016). Alguno preguntará: ¿y que dijeron los Papas al respecto?: Pío XI concedió una indulgencia especial a los peregrinos de Fátima. Pío XII sostenía que “ya pasó el tiempo  en que se podía dudar de Fátima” y, en 1946, por medio de su Legado, el Cardenal Masella, consagró el mundo a la realeza de Nuestra Señora de Fátima. Juan XXIII, cuando Cardenal, estuvo como peregrino en el lugar de las apariciones, y en su testam-ento donó  su cruz pectoral al Santuario de Fátima. Pablo VI fue el primer Pontífice en visitar Fátima, en el cincuentenario de las apariciones, el 13 de mayo de 1967. Juan Pablo II visitó el lugar de las apariciones tres veces, beatificando a los Pastorcitos, Francisco y Jacinta en una de ellas. En 1982, en Fátima, afirmaba que la invitación hecha por Nuestra Señora continúa “más actual incluso que hace sesenta y cinco años atrás. Y hasta más urgente”. Benedicto XVI llegando a Portugal manifestaba, “vengo como peregrino” y señalaba que: “Se ilusionaría quien pensase que la misión profética de Fátima esté concluida” (13-5- 2010). Francisco, por su lado, solicitó al Patriarca de Lisboa que consagrara su pontificado (13 de mayo del 2013).

Hablando a los pequeños pastores Nuestra Señora quiso hablar al mundo entero exhortando a los hombres a la oración, a la penitencia y a la enmienda de la vida; en vista  a la situación religiosa en que se encontraba el mundo en la época de las  apariciones. Estamos a un año del centenario del magno acontecimiento. Fátima acaba siendo un verdadero divisor de almas en los días de hoy. Sobresalen cada vez más dos familias de almas: una que comprende la crisis moral que asola el mundo contemporáneo; otra que considera que los problemas del mundo contemporáneo tienen poca o ninguna relación con la inmoralidad y la impiedad.

Perplejo queda uno considerando que, en su primera aparición, la Virgen Santísima solicitaba a los pastorcitos “reparación por los pecados con que Él (Nuestro Señor) es ofendido”, es decir que los pecados del mundo habían llegado a un tal grado – ¡en 1917! – que clamaban al Cielo. Y, por otro lado, ver la desintegración moral creciendo hasta nuestros días, ante lo que reclamaba San Juan Pablo II un 8 de mayo de 1996: “Los hombres se olvidaron de Dios y de sus Mandamientos, viviendo como si Él no existiera”, hay una “apostasía silenciosa” que no nos puede dejar indiferentes.

¿Qué debemos hacer? Enfervorizarnos en la devoción al Inmaculado Corazón, en la oración y en la penitencia. Rezar el santo rosario. Pedir, llenos de esperanza, que el año que nos separa del Centenario de las apariciones apresure el triunfo prometido en su tercera aparición: “Por Fin, Mi Inmaculado Corazón Triunfará”.

https://dominicana.blog.arautos.org/2019/05/el-mensaje-de-la-virgen-en-fatima-el-premio-y-la-advertencia/

28Dic/18

Actividades varias de los Heraldos en el final del Año 2018

Compartimos una serie de actividades realizadas en el mes de diciembre:

* Desayuno en el Hotel Lina, pro-fondos para una gran salón múltiple. Asistieron 300 personas: Hubo una pequeña meditación del libro de Monseñor sobre San José, y un P.P. sobre las construcciones de los Heraldos; el desayuno tuvo también la presentación de algunos villancicos cantados por la coral.

* Peregrinación y visita de la Imagen de Nuestra Señora a la Parroquia Santa Lucía

* Consagración de un grupo de jóvenes en la Casa Mater Boni Consilii

* Misa con el Arzobispo de Santo Domingo por el día de Nuestra Señora de Guadalupe. Pidieron a los Heraldos solemnizar esta conmemoración.

* Celebración por el día de la Inmaculada Concepción. Asistieron unas 400 personas